Volver al «nosotros»: la participación comunitaria como acto cotidiano y cultural

Volver al «nosotros»: la participación comunitaria como acto cotidiano y cultural
24Ene 2026

Enero suele venir cargado de mensajes que podríamos considerar individuales: «empieza de cero», «sé tu mejor versión», «cumple tus metas» u «organiza tu vida». Pero hay algo curioso: en muchas culturas del mundo, los comienzos no se piensan en singular, sino en plural. No empiezan con un «yo», sino con un «nosotros» o «nosotras».

Este artículo es una invitación a mirar la participación comunitaria no como algo idealista o reservado a personas «muy sociales», sino como una necesidad humana profunda. Es una práctica intercultural y una forma concreta de sostener la vida, especialmente en tiempos de cambio. Porque quizá la pregunta no sea solo: ¿qué quiero hacer este año?, sino también: ¿con quién quiero hacerlo?

Participar no es «ser activo», es estar en relación

Cuando hablamos de participación comunitaria, muchas personas imaginan reuniones largas, asambleas complejas o grandes proyectos sociales. A veces, esa imagen genera rechazo. Sin embargo, participar empieza mucho antes.

Participar consiste en:

  • Saber el nombre de quien vive a tu lado.
  • Compartir comida, tiempo o escucha.
  • Cuidar un espacio común.
  • Tomar decisiones conjuntas, aunque sean pequeñas.
  • Sentir que lo que haces tiene un impacto más allá de ti.

En muchas culturas tradicionales, la participación no es una opción; es, simplemente, la manera de vivir. Nadie se pregunta si «participa»: se pertenece.

Una mirada intercultural: comunidades que no se cuestionan su esencia

En distintas partes del mundo, la idea de comunidad adopta formas diversas, pero comparte un mismo núcleo: la interdependencia.

  1. En los pueblos andinos: El ayni es una práctica de ayuda mutua basada en el principio de «hoy por ti, mañana por mí».
  2. En el continente africano: El principio de ubuntu nos recuerda que «yo soy porque nosotros somos».
  3. En las culturas mediterráneas: La vida en plazas y las celebraciones compartidas han funcionado históricamente como una regulación emocional colectiva.
  4. En comunidades indígenas: La toma de decisiones incluye al territorio, los ancestros y las generaciones futuras.
Una bandada de gansos volando en formación sobre un lago al amanecer, representando la eficiencia del esfuerzo colectivo.

Es fundamental notar que en ninguna de estas culturas se idealiza la comunidad. Existen conflictos, tensiones y cansancio. No obstante, nadie duda de que la vida se sostiene mejor en común.

El mito moderno: independencia total frente a libertad

Nuestra cultura contemporánea ha elevado la independencia a valor supremo: ser autosuficiente y no necesitar a nadie. Pero ese ideal tiene un coste invisible: aislamiento, fragilidad emocional y dificultad para pedir ayuda.

La participación comunitaria no resta libertad; la redefine. No se trata de disolverse en el grupo, sino de aprender a ser individuo en relación, no en oposición.

Comunidad no es ausencia de conflicto

Uno de los mayores bloqueos es pensar que, ante los problemas, lo mejor es marcharse. Sin embargo, toda comunidad real atraviesa malentendidos, ritmos distintos y silencios incómodos.

Desde una mirada intercultural, el conflicto no es un fallo, sino parte del tejido. Muchas culturas utilizan círculos de palabra o rituales de reconciliación para atravesarlo sin romper el vínculo. Participar es seguir sentándose a la mesa incluso cuando es incómodo.

¿Cómo empezar a participar hoy?

No hace falta vivir en una ecoaldea; la comunidad empieza donde estás. Puedes hacerte estas preguntas:

  • ¿Qué espacios comparto ya, aunque no los nombre como comunidad?
  • ¿Con quién tengo una relación repetida pero superficial?
  • ¿Qué pequeño gesto podría convertir la rutina en vínculo?
Dos cachorros de panda jugando y abrazándose, ilustrando el apoyo mutuo y el afecto en el grupo.

La clave no es la magnitud, sino la continuidad.

Enero como umbral colectivo

La participación comunitaria es una forma de salud pública invisible. Sostiene lo que las instituciones no alcanzan. Este mes de enero puede ser el momento de revisar nuestros vínculos.

Volver al «nosotros» no significa perderte, sino encontrar un lugar donde tu singularidad pueda florecer. Tal vez el gesto más revolucionario no sea hacer más, sino hacer juntos.

Te lo cuenta...

Iván Ballesteros

Iván Ballesteros

Se presenta como nómada, con diez años de experiencia explorando comunidades donde el desarrollo personal, comunitario, ecológico y artístico son los ejes principales. Ha trabajado en países como España, Rumania, Italia y Alemania y actualmente vive y viaja en su furgoneta “Samsara” co-diseñando proyectos regenerativos y residencias artísticas para zonas rurales, organizaciones y ecoaldeas. Todo lo que hace está ligado a su propósito: “conectar a la gente consigo misma, con las demás y con la naturaleza a través de la experiencia de comunidad”.

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