¿Y si voy a la universidad? Diferencias con el instituto

¿Y si voy a la universidad? Diferencias con el instituto
28Jun 2025
En artículos anteriores, hablábamos de las múltiples posibilidades de itinerarios de estudio o de futuros trabajos que se abren camino cuando terminamos el instituto, y cómo decidir al respecto. Una de ellas es la universidad. Si es una opción que contemplas y quieres prepararte adecuadamente para este nuevo comienzo, ¡sigue leyendo!

¿Cómo sobrevivir a la universidad? 

Para hacer una buena transición es importante que tengas en cuenta los retos que supone para que no te pillen de sorpresa. No te diré que no te asustes, asustarte es algo normal ante un nuevo comienzo, pero que ese miedo no te paralice porque miles de personas han podido antes que tú y te aseguro que no ha sido sin miedo. Si este camino es para ti, también podrás, si no, encontrarás el tuyo.

Diferencias que te encontrarás cuando comiences tu etapa universitaria:

1. ¡El número de alumnado por clase se multiplica!

La mayoría de grados universitarios se componen de clases muy numerosas, y pasarás de una clase de 30 personas a una de 100 personas o más. Probablemente, casi todas serán desconocidas al principio. Consecuencias: 

  • El profesorado no podrá hacer un seguimiento personal de tu trabajo y probablemente no se conozca tu nombre.
  • Tienes bastantes posibilidades de conectar o tener una alta afinidad con algunas de esas personas, especialmente si compartís pasiones, por lo que probablemente harás nuevas amistades. 

2. Vas a estar en un entorno muy diverso

Diferentes edades, estilos con los que no tengas costumbre de tratar, personas que vienen de todo tipo de lugares, algunos lejanos… o incluso tú te moverás a otra ciudad para estudiar lo que te apetece. Si has vivido en un entorno rural, esto también puede suponer un gran cambio, existen muchas ciudades universitarias que ofrecen muchos eventos culturales, deportivos, asociaciones, talleres, actividades… En un entorno multicultural y diverso. Vas a tener muchos estímulos y podrás acceder a ocio de calidad que te impedirá aburrirte si te lo propones.

Estos eventos pueden facilitarte entornos de socialización más allá del grupo de clase. Además, no te preocupes demasiado por si se te dará bien socializar y estrechar vínculos amistosos, al final saldrá solo, el roce y el apoyo diario hace el cariño. Si simplemente te permites mostrarte como tú eres, esto te servirá de filtro para que se acerquen las personas con las que verdaderamente conectas y se alejen las que no encajan contigo.

Es algo natural y es normal que no le gustemos a todo el mundo, probablemente a ti tampoco te gustarán todas las personas de tu clase. Muchas personas adultas afirman que las grandes amistades que han conservado a lo largo del tiempo son de la etapa universitaria, así que, aunque pueda costarte separarte de tus amistades del instituto, es una oportunidad para ampliar círculos (o quizá no te cueste y sea un entorno del que estás deseando salir para empezar de cero, y sí, efectivamente, así será).

3. Menos normas y reglas fijas que cumplir.
Normalmente será tu decisión ir o no ir a clase cada día y en pocas asignaturas o prácticas se llevará un control de tu asistencia. Tampoco se informará a nadie de tu familia de lo que hagas ni se les pedirá que firmen tus notas, ahora eres una persona adulta y estás estudiando algo no obligatorio, por lo que tu formación depende de ti. Esto supone ligereza y además también es un peso, según como te lleves con la responsabilidad. Sea como sea, será un entrenamiento para la vida, porque las responsabilidades van en aumento conforme nos desarrollamos. 
 
4. Más organización y planificación autónoma
Es la consecuencia lógica de que haya un menor control externo. Tampoco nadie te va a decir cómo y cuándo estudiar, ni cómo compaginar las distintas tareas que te manden en las distintas asignaturas, por lo que cuentas con mucha flexibilidad y necesitarás saber encajar tus necesidades, comprender los tiempos que te requieren las distintas tareas… En definitiva, necesitarás ser responsable y consciente del diseño y gestión de tu proceso de aprendizaje, además de comprometerte con tus objetivos para que des los pasos necesarios para alcanzarlos a tu propio ritmo. 

5. Materiales de trabajo variados
Probablemente ya no tengas tan ordenado el material de cada asignatura en un libro de texto o los apuntes de clase y tendrás que ojear investigaciones, apuntes de otros años, ir a tutorías, hacer búsquedas en internet, trabajos muy elaborados… además de otros materiales más específicos según la carrera universitaria que elijas (por ejemplo: material quirúrgico).

6. Mayor volumen de cada examen y cada asignatura

Sí, no es un mito, en el bachillerato el temario es más reducido que en la universidad. En la universidad los exámenes son al final de cuatrimestre y ello implica que entra más temario en cada examen (aunque en algunas asignaturas se hacen parciales e incluso se elimina la materia aprobada, esto no es común en todas las carreras). Ojo con que se te acumule la materia, porque el profesorado es capaz de dar 3 temas en 4 horas de clase y el tocho de apuntes irá creciendo cada vez más… La planificación tendrá que ser a más largo plazo y esto supone uno de los mayores cambios.

7. Mayor complejidad y especificidad de las materias

Tampoco es un mito que en general es más difícil y complejo el temario de las asignaturas de la universidad, y a veces no cuentas con la ventaja de que te lo hayan explicado todo en clase, si no que tienes que desgranarlo por tu cuenta o ir a tutorías, trabajar en equipo con tus compis, investigar en Internet… 

8. La famosa época de exámenes

Es el momento de mayor tensión en el desarrollo del curso académico universitario. La mayoría de los exámenes se concentran en períodos muy concretos del curso, como enero-febrero y junio-julio, pudiendo recuperarse también en septiembre-octubre. Esto significa que, por ejemplo, en dos semanas puedes tener concentrados 5 exámenes tochos, y el profesorado no mirará porque estén espaciados con el resto de asignaturas que curses, por lo que pueden estar en dos días consecutivos y no te daría tiempo a estudiar una asignatura entre examen y examen. También significa que puede que tengas que estudiar en los períodos vacacionales de Navidad y verano, según cómo lo lleves, por lo que supondrá una renuncia de disfrutar enteramente de tus vacaciones. No te asustes, con planificación es perfectamente asumible e incluso podrás disfrutar de tus vacaciones parcial o totalmente, según el grado de esfuerzo requerido para las asignaturas que curses.

Por supuesto, esto que he pincelado dependerá de dónde y en qué vayas a matricularte, puedes contactar con el centro o buscar en Internet para consultar información específica. Es una opción válida como cualquier otra, y si te motiva, ¡a por ello! Puede ser una etapa cargada de crecimiento personal y oportunidades de aprendizaje y disfrute, no te olvides de este último, que hace el camino más amable. Es un camino que debes escoger libremente, y si notas agotamiento o rozaduras, siempre puedes quitarte los zapatos, sentarte a descansar sobre la hierba o cambiar de dirección. 

¡Hasta pronto!

Te lo cuenta...

Patricia Rivero

Patricia Rivero

Psicóloga y acompañante de personas en situación de vulnerabilidad: experiencia con menores en riesgo de exclusión social, migraciones, diversidad funcional y colectivo LGBTIQA+. Amante de todas las formas de vida, su misión es crear espacios sostenibles. Cooperante y gestora en proyectos de agroecología y protección animal. Escritora y fotógrafa en búsqueda de aprendizajes. “Cualquier momento es bueno para la ternura”.

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