«Escribo porque no sé lo que pienso hasta que lo pongo por escrito y lo leo» – Flannery O’Connor
¿Alguna vez has intentado escribir lo primero que se te pasa por la cabeza, sin pensarlo demasiado? Puede parecer raro al principio, pero muchas personas usan una técnica llamada escritura automática para conocerse mejor, ordenar lo que sienten y entender lo que pasa dentro de su cabeza.
La idea es sencilla: escribir sin filtros. Sin corregir, sin borrar y sin preocuparte por si el resultado es estético o tiene sentido. Solo debes dejar que las palabras y las ideas fluyan. Cuando hacemos esto, muchas veces aparecen pensamientos o emociones que no sabíamos que estaban ahí. Es como abrir una ventana y mirar hacia dentro.
La escritura automática se utiliza en psicología porque permite expresar lo que sentimos sin necesidad de explicarlo perfectamente. A veces no sabemos poner nombre a lo que nos pasa, pero al escribir empezamos a descubrirlo. Además, escribir ofrece varios beneficios:
No necesitas ser una gran escritora o escritor, ni tener un diario perfecto. Solo necesitas un cuaderno, un bolígrafo y curiosidad por escucharte.

Antes de realizar cualquier ejercicio, te sugiero probar este pequeño ritual para conectar contigo:
El objetivo no es escribir bien, sino dejar que tu mente hable.
Puedes realizarlos en el orden que prefieras. Recuerda que no hay respuestas correctas ni incorrectas.
Muchas veces nos enfocamos en nuestras relaciones externas, pero olvidamos la más importante: la que tenemos con nosotros mismos. Reflexiona sobre estas preguntas:
Reto extra: Haz una lista de 10 actividades que mejoren tu estado de ánimo (como escuchar música, caminar o descansar).
Lee la siguiente pregunta y escribe sin juzgarte: ¿En qué momentos sientes que has podido dañar a otras personas? No se trata de culparte, sino de observar tus acciones y reflexionar sobre cómo te relacionas con el resto. Reconocer errores es una forma de crecer.

¿Cómo eres cuando nadie está mirando? Tal vez eres una persona más tranquila, creativa, graciosa o sensible. Este ejercicio sirve para explorar quién eres cuando no intentas encajar ni impresionar a nadie.
Es habitual ver más rápido lo que no nos gusta que nuestras virtudes. Pon en valor tu fuerza respondiendo libremente:
Imagina que se rueda un filme sobre tu historia:
Al crecer, solemos abandonar el juego por no ser «productivo». Sin embargo, divertirse es vital para la salud. Escribe sobre cómo te gustaría añadir más diversión o juego a tu vida actual.
La gratitud nos conecta con el presente. Completa estas frases:

Observa tu habitación y completa la frase: «Si las paredes de mi cuarto pudieran hablar, dirían…». Esto puede revelar mucho sobre cómo te sientes en tu espacio personal.
Primero, escribe durante un minuto todas las palabras que asocies con «amor». Después, intenta describir qué es el amor sin usar ninguna de esas palabras.
Reflexiona sobre tu mapa emocional:
La escritura automática no busca textos bonitos, sino bajar el volumen del ruido exterior para escucharte. Al final, escribir es una conversación contigo. A veces, la persona que más necesitamos escuchar somos nosotros mismos.
¿Te has animado a probar alguno de estos ejercicios? ¡Me encantará leer tu experiencia en los comentarios!
Psicóloga y acompañante de personas en situación de vulnerabilidad: experiencia con menores en riesgo de exclusión social, migraciones, diversidad funcional y colectivo LGBTIQA+. Amante de todas las formas de vida, su misión es crear espacios sostenibles. Cooperante y gestora en proyectos de agroecología y protección animal. Escritora y fotógrafa en búsqueda de aprendizajes. “Cualquier momento es bueno para la ternura”.