Cuando nuestro cuerpo nos pide descanso pero la mente no para, dormir se vuelve más complicado de lo que debería ser. El hecho de dormir y descansar bien no es un capricho, sino que es fundamental para nuestra salud, tanto mental, como física.
¿Te ha pasado que, aunque te encuentres muy cansado, cuando te acuestas no logras dormir? Cierras los ojos, empiezas a dar vueltas, intentas ponerte cómodo y… nada, el sueño no llega. Como consecuencia, al día siguiente te levantas más cansado aún y entras en un bucle que se repite día tras día.
Nos puede ocurrir que llega la noche y, a pesar de estar agotados, nuestra mente se despierta, llenándonos de pensamientos que dan vueltas, recordándonos las tareas pendientes o arrepintiéndose de algo que hicimos durante el día. También puede pasar que nos despertemos con sueño a pesar de haber dormido y que pensemos que la próxima noche será diferente pero nos vuelve a pasar lo mismo.
Y dormir es una parte esencial de nuestra rutina, que afecta a diferentes aspectos de nuestra vida:

Dormir no significa únicamente que “ya no estamos despiertos”, sino que es un momento en el que nuestro cuerpo recarga su energía, nuestras emociones se calman y nuestra mente para y descansa. Cuando esto no ocurre, tiene consecuencias y no tardamos en experimentarlas.
Nuestro cuerpo tiene un sistema que se llama “sistema nervioso” y tiene dos modos:
Durante el día con todo el movimiento de ir a clase, responder a las actividades que nos plantean, relacionarnos con los demás, hacer los deberes, etc, nuestro cuerpo puede estar en modo alerta. Y cuando llega la noche y estamos solos, sin nada que hacer, nuestra mente se despierta y somos conscientes de nuestros pensamientos y de nuestras preocupaciones, porque durante el día no tenemos espacio para poder atenderlas. Esto hace que nuestro cuerpo continúe en alerta, como si necesitara que estuviéramos despiertos para estar protegidos ante un posible peligro. Entonces aunque estemos físicamente cansados, nuestra mente sigue trabajando y no podemos dormir; es como si hubiera una alarma sonando a nuestro lado.

Podemos hacer cosas tanto por el día, para que cuando llegue la noche descansemos mejor y durmamos con más facilidad, como por la noche, para dar respuesta a esos momentos en los que nos cuesta más dormir.
Durante el día:

Si ya estás en la cama y no puedes dormir:

Dormir y descansar no siempre es fácil, pero hay maneras de favorecer y cuidar nuestra higiene del sueño, creando condiciones que permitan a nuestro cuerpo y nuestra mente estar tranquilos para que el sueño llegue.
Alba es psicóloga sanitaria y ha realizado un máster de migraciones internacionales, salud y bienestar, además de proyectos de cooperación en Senegal, con menores en riesgo de exclusión social así como talleres con refugiados e hijos víctimas de violencia de género. Trabaja como psicóloga en una ONG con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad dando un servicio de atención terapéutica y realizando actuaciones de sensibilización y asesoramiento para la prevención de la violencia y la promoción de la salud mental. Su misión es conseguir el bienestar de la persona, la promoción de una sociedad inclusiva e intercultural y el desarrollo integral de las personas más vulnerables.