Una idea que está muy presente a día de hoy es que tenemos que estar activos constantemente, siempre haciendo algo. Se nos impone el “ser productivos” todo el tiempo: estudiar, trabajar, entrenar, aprender… y el tiempo para “parar” nunca llega.
Las redes sociales, las aplicaciones o los videojuegos nos mantienen siempre conectados, en movimiento y haciendo varias cosas a la vez. Este ritmo de multitarea y la presión por ser siempre productivos lo pagamos a costa de nuestro descanso y de nuestra capacidad de desconexión.
La multitarea consiste en hacer varias cosas al mismo tiempo, o al menos, intentarlo. Por ejemplo, ver vídeos en el móvil mientras estamos haciendo los deberes, hablar con alguien por teléfono mientras ordenamos nuestra habitación o jugar a videojuegos mientras chateamos con amigos. Esto nos hace sentir que estamos aprovechando el tiempo y estamos siendo eficientes. Sin embargo, cuando hacemos varias cosas a la vez, no somos tan efectivos porque disminuye nuestra capacidad de concentración y eso nos hace cometer más errores.
Pero la multitarea no solo afecta a nuestra capacidad de concentración, sino también a nuestros procesos cerebrales, a lo que ocurre en el interior de nuestra cabeza. Cuando intentamos hacer varias cosas a la vez, nuestro cerebro tiene que cambiar todo el rato de tarea y eso le supone un gran esfuerzo. Por ejemplo, si estamos haciendo deberes y de vez en cuando revisamos nuestro móvil, cada vez que cambiamos de una actividad a otra, es como si nuestro cerebro “se reiniciara” porque necesita adaptarse y conectar de nuevo con la tarea.

Este esfuerzo, lo hace la parte del cerebro que controla nuestra atención y nuestra capacidad para tomar de decisiones. Por eso disminuye nuestro rendimiento, estamos más cansados y tenemos más probabilidad de cometer errores.
Para poder funcionar con energía y responder a las demandas de nuestro entorno, el descanso de calidad es esencial. Sin embargo, muchas veces no lo hacemos o, si lo hacemos nos sentimos mal o culpables; podemos estar viendo una serie y de repente sentimos que deberíamos estar haciendo algo más útil. Esto nos ocurre porque vivimos en una sociedad en la que:

Todo esto nos lleva a una idea errónea acerca de lo que significa descansar. Podemos pensar que descansar es algo que tenemos que ganarnos o que es un lujo que tienen algunas personas. Sin embargo, es una necesidad; nuestro cerebro, nuestras emociones y nuestro cuerpo necesitan espacios para relajarse y poder procesar todo lo que aprendemos. Descansar no tiene por qué ser solo parar, es permitir que el cuerpo y la mente descansen.
Hay diferentes formas de descansar que van más allá de estar sin hacer nada (lo cual también está bien), y lo podemos llamar “descanso activo”; leer por puro placer, dibujar sin presiones, escuchar música, mirar el mar, dar un paseo, estar en familia… Esas cosas nos pueden hacer sentir tranquilos y nos recargan las pilas.

Otra cosa importante que nos permite descansar es evitar las redes sociales o las pantallas en esos momentos de “descanso” o antes de dormir, así podemos desconectar del móvil, que es algo que nos demanda atención constante. La “multitarea” no solo nos afecta cuando estamos trabajando, sino también cuando descansamos.
El tiempo libre también es esencial para cuidar nuestra salud mental. Las actividades relacionadas con el “descanso activo” no son algo que tenemos que hacer para aprovechar el tiempo, sino para hacer cosas con las que disfrutemos sin sentir la presión de tener que ser productivos; no podemos confundir descansar con perder el tiempo.
El descanso adecuado es necesario para dar respuesta a las exigencias de nuestro entorno. Sin ese descanso, todo lo que hacemos durante el día va a perder “potencia” porque nos vamos a sentir cansados, frustrados o estresados.

Es importante buscar un equilibrio entre “hacer” y “parar” y aprender a valorar nuestros momentos de descanso sin sentirnos culpables por ellos. Descansar no es perder el tiempo, es cuidar de uno mismo.
Alba es psicóloga sanitaria y ha realizado un máster de migraciones internacionales, salud y bienestar, además de proyectos de cooperación en Senegal, con menores en riesgo de exclusión social así como talleres con refugiados e hijos víctimas de violencia de género. Trabaja como psicóloga en una ONG con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad dando un servicio de atención terapéutica y realizando actuaciones de sensibilización y asesoramiento para la prevención de la violencia y la promoción de la salud mental. Su misión es conseguir el bienestar de la persona, la promoción de una sociedad inclusiva e intercultural y el desarrollo integral de las personas más vulnerables.