A veces podemos sentir la necesidad de explicarlo todo y justificamos las cosas que hacemos o lo que acabamos de decir, aunque nadie nos haya pedido ninguna explicación.
Por ejemplo, cuando no nos apetece salir y lo decimos, a continuación añadimos algo como “es que estoy cansado y tengo que hacer deberes” o “… y mi madre no me deja”, aunque con un simple “no puedo” ya sería suficiente.
También puede pasarnos que hagamos algo diferente a lo que los demás esperan de nosotros y necesitemos explicarnos o dar motivos para que no se nos juzgue. Esto se llama “sobreexplicación” y es algo muy común, ya que nos da la sensación de que vamos a encajar mejor, podemos agradar a los demás o así evitamos meter la pata.
Aparece cuando sentimos que tenemos que hablar de más, justificar lo que hacemos o decimos o dar explicaciones innecesarias, incluso cuando nadie nos las pide.
Esta forma de responder está, muchas veces, relacionada con el miedo —miedo a que se enfaden con nosotros, a que nos juzguen, a parecer raros o a equivocarnos—. Es como si nos defendiéramos, a pesar de que nadie nos está atacando.
Cuando esto se vuelve recurrente, puede transformarse en una costumbre que, aunque en principio nos brinda una sensación de seguridad, a largo plazo nos hace sentir inseguros o agotados.

Cabe destacar que la sobreexplicación es distinto a ser una persona clara o comunicativa.
Diversas razones pueden llevarnos a este comportamiento, entre las que se incluyen:
Además, nuestras experiencias personales, nuestra historia de vida y cómo nos han tratado en distintos contextos también influyen.

Es posible que en algún momento sintamos la necesidad de ganarnos la aprobación de los demás, lo que nos lleva a hablar en exceso para “protegernos”. Esta actitud genera ansiedad e inseguridad, ya que al sobreexplicarnos estamos revisando constantemente lo que decimos y hacemos, analizando cada palabra. Incluso podemos imaginarnos que nuestra interlocutora o interlocutor ha entendido mal, lo que podría provocar enfado o distanciamiento. De este modo, caemos en la trampa de justificar y aclarar en exceso.
La sobreexplicación deja una sensación de agotamiento y de que nunca es suficiente.

La expresión “menos es más” adquiere un significado fundamental. No es necesario justificar cada acción o pensamiento para demostrar seguridad y confianza en uno mismo. Respuestas sencillas como “sí”, “no”, “vale” o “prefiero esto” son suficientes y no implican frialdad o indiferencia. Se trata de encontrar el equilibrio adecuado.
Algunas estrategias para conseguirlo pueden ser:
Aprender a dejar de sobreexplicarnos no es un proceso inmediato, pero con práctica y aplicación de estas estrategias, podremos relacionarnos de forma más libre y segura.

No es imprescindible justificar cada acción o sentimiento; es fundamental también atender a nuestra voz interior y reconocer que decir “no” o simplemente optar por la brevedad es perfectamente válido.
Alba es psicóloga sanitaria y ha realizado un máster de migraciones internacionales, salud y bienestar, además de proyectos de cooperación en Senegal, con menores en riesgo de exclusión social así como talleres con refugiados e hijos víctimas de violencia de género. Trabaja como psicóloga en una ONG con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad dando un servicio de atención terapéutica y realizando actuaciones de sensibilización y asesoramiento para la prevención de la violencia y la promoción de la salud mental. Su misión es conseguir el bienestar de la persona, la promoción de una sociedad inclusiva e intercultural y el desarrollo integral de las personas más vulnerables.