El miedo y la ilusión: cómo gestionar nuestras emociones ante los cambios

El miedo y la ilusión: cómo gestionar nuestras emociones ante los cambios
31Ene 2026

Imaginemos por un momento que estamos a punto de realizar un viaje. Pero no una escapada corta o una excursión de esas en las que sabemos perfectamente el destino, la fecha de retorno y qué equipaje llevar. Hablamos de un viaje largo, de esos en los que desconocemos la duración exacta o lo que vamos a encontrar al llegar.

Una de las tareas principales ante estas situaciones es preparar nuestra maleta. Sabemos que debemos hacerla, aunque nadie nos indique con precisión qué incluir. Surgen dudas sobre el espacio limitado, por dónde empezar, qué es imprescindible y cuánto peso podemos cargar.

Los nuevos retos y las etapas vitales se parecen mucho a ese instante: preparar una maleta sin tener toda la información necesaria. A veces, la vida no nos pregunta si queremos iniciar ese viaje, simplemente nos sitúa frente al equipaje y experimentamos una mezcla de miedo e ilusión.

Niño de cabello rubio observando con curiosidad su avión de juguete naranja frente a una maleta de viaje.

Tipos de cambios y la respuesta emocional

Existen cambios que llegan de golpe, sin avisar; otros se gestan lentamente. Desde el paso de la niñez a la adolescencia hasta mudarse de ciudad o tomar decisiones trascendentales, cada reto activa sensaciones desconocidas. Sentimos un pequeño desorden interno donde el miedo y la ilusión reclaman su espacio.

El miedo como mecanismo de protección

El miedo suele manifestarse como nerviosismo o pensamientos intrusivos que nos invitan a evitar la situación. Es común confundirlo con una señal de que algo va mal, pero a menudo solo indica que lo que ocurre es importante.

En nuestra maleta, el miedo actúa como ese objeto pesado que no sabemos si incluir. Si no lo colocamos adecuadamente, acaparará todo el espacio. Su función es protegernos del sufrimiento, del error o de la vergüenza. El problema no es sentirlo, sino permitir que tome el control y decida por nosotros.

Nota: Cuando el miedo pesa demasiado, el viaje se vuelve incómodo. Nos volvemos excesivamente cautelosos, callamos nuestra opinión o nos exigimos una perfección imposible para no fallar.

Niño asomado por encima de una maleta verde utilizando prismáticos de juguete naranjas y negros.

La ilusión: el motor del avance

Por el contrario, la ilusión puede ser más sutil. Se manifiesta como curiosidad y capacidad para imaginar escenarios positivos. A diferencia del miedo, que puede paralizar, la ilusión nos moviliza a seguir preparando el equipaje a pesar de las dudas. Sentir ilusión no garantiza que todo sea fácil, sino que el cambio tiene un propósito valioso para nosotros.

Cuidar la ilusión es vital; si el miedo ocupa demasiado espacio, terminará por aplastarla.

Cómo organizar tu maleta emocional

No podemos elegir las emociones que sentimos, pero sí decidir cómo gestionarlas y qué peso darles. Aquí tienes algunas claves para organizar tu interior:

  1. Acepta la incertidumbre: No necesitas llevarlo todo desde el inicio ni conocer todo el camino. Enfócate en lo necesario para el primer tramo.
  2. Identifica miedos ajenos: Distingue entre los miedos que te protegen y aquellos que nacen de expectativas externas o comparaciones.
  3. Herramientas de descarga: Escribir lo que sientes, permitirte el error y hablar con personas de confianza son formas de reorganizar el peso.

El camino del aprendizaje continuo

Habrá momentos en los que el viaje se complique y el cansancio nos tiente a retroceder. Esto no es un signo de incapacidad, sino de que ese tramo requiere más esfuerzo. Es vital detenerse, recuperar fuerzas y ajustar el ritmo.

Aprendemos caminando, ajustando nuestra maleta una y otra vez. Sentir miedo e ilusión simultáneamente no es contradictorio; es la prueba de que estamos creciendo y avanzando, incluso sin tener todas las respuestas.

Primer plano de un niño feliz y sonriente asomando la cabeza desde el interior de una maleta de viaje verde.

Te lo cuenta...

Alba Rodríguez

Alba Rodríguez

Alba es psicóloga sanitaria y ha realizado un máster de migraciones internacionales, salud y bienestar, además de proyectos de cooperación en Senegal, con menores en riesgo de exclusión social así como talleres con refugiados e hijos víctimas de violencia de género. Trabaja como psicóloga en una ONG con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad dando un servicio de atención terapéutica y realizando actuaciones de sensibilización y asesoramiento para la prevención de la violencia y la promoción de la salud mental. Su misión es conseguir el bienestar de la persona, la promoción de una sociedad inclusiva e intercultural y el desarrollo integral de las personas más vulnerables.

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