Existe una leyenda popular, conocida como el Puente del Arcoíris, que sostiene que cuando un animal amado muere, cruza un puente que lo lleva a un prado soleado, donde se cubrirán todas sus necesidades, recupera la salud y juega alegremente con otros animales. Allí, espera hasta reencontrarse en un futuro con quien fue su compañero o compañera humana.
Durante siglos, la relación entre los humanos y otros animales, recordando que nosotros formamos parte del reino animal, se limitaba al uso de estos para labores de carga, vigilancia o caza. Sin embargo, en muchos hogares esta relación interespecie ha evolucionado hacia un acompañamiento afectivo y recíproco, dando paso a la idea del “animal de compañía”.
Se estima que, en 2024, el 49% de los hogares españoles conviven con al menos un animal y existen más de 30 millones de mascotas en España, entre perros, gatos, aves, peces y otros animales. Este vínculo interespecie se transforma cada vez más en lo que se conoce como “familias multiespecie”. En dichos hogares, nuestros compañeros no-humanos no solo forman parte de la familia y se les reconoce como miembros de pleno derecho, sino que también participan activamente en las dinámicas familiares (a través de rituales afectivos, cuidado mutuo y una organización compartida del tiempo y el espacio).
Podríamos decir que estos animales “crean, construyen, hacen familia”. Para muchas personas, son hijos/as, amigos/as o compañeros/as y actúan como una figura fundamental de apoyo emocional. Su importancia llega incluso a motivar cambios significativos en la vida, como adaptar las rutinas o incluso el hogar para satisfacer sus necesidades. Además, ocupan un lugar relevante en la cultura de Internet, como se evidencia en los memes y vídeos de gatitos.

Más allá de todo el amor y la alegría que nos brindan, estos animales también nos ayudan a mantener mejores rutinas y hábitos saludables. Diversos estudios han relacionado su compañía con una mejora en la salud mental, demostrando que su presencia puede ser verdaderamente sanadora.
La mayoría de los animales de compañía tienen una esperanza de vida menor que la de los humanos, por lo que muchas personas tendremos la experiencia de perder a uno o varios compañeros a lo largo de la vida. El duelo ante la pérdida de un ser querido, aunque se trate de un animal, puede resultar tan doloroso o incluso más que la pérdida de una persona cercana.
En algunos países, como Estados Unidos y Japón, se está reconociendo la importancia de este duelo, incorporando desde servicios telefónicos de apoyo hasta cementerios específicos para mascotas. Sin embargo, socialmente aún se reconoce de manera limitada este tipo de pérdida.
El duelo es un proceso psicológico normal que se vive tras perder a un ser querido, generando reacciones emocionales como tristeza, confusión y negación. Aunque es doloroso, es una respuesta natural y saludable ante la pérdida. Si quieres saber más sobre el tema, te recomiendo este artículo.

En ocasiones, cuando la pérdida no se enmarca en el modelo tradicional de familia, el entorno tiende a no reconocer el dolor de la persona, impidiéndole expresar libremente sus emociones o, en cierta medida, quitándole «el derecho a lamentarse». Se ha demostrado que esta falta de apoyo puede tener consecuencias negativas en la salud mental.
Muchas personas que han perdido a un animal no humano evitan compartir su experiencia por miedo al juicio, lo que puede conllevar aislamiento social, especialmente en ausencia de rituales (como tanatorios, funerales o entierros) y de un acompañamiento emocional esperado tras la muerte de un ser significativo.

No es necesario vivir con un animal no-humano o haber experimentado lo valioso del vínculo con uno de ellos para empatizar con el sufrimiento de otro humano.
Hasta pronto,
Psicóloga y acompañante de personas en situación de vulnerabilidad: experiencia con menores en riesgo de exclusión social, migraciones, diversidad funcional y colectivo LGBTIQA+. Amante de todas las formas de vida, su misión es crear espacios sostenibles. Cooperante y gestora en proyectos de agroecología y protección animal. Escritora y fotógrafa en búsqueda de aprendizajes. “Cualquier momento es bueno para la ternura”.