Cuando hablar nos agota: «La sobreexplicación»

Cuando hablar nos agota: «La sobreexplicación»
13Sep 2025

A veces podemos sentir la necesidad de explicarlo todo y justificamos las cosas que hacemos o lo que acabamos de decir, aunque nadie nos haya pedido ninguna explicación.

Por ejemplo, cuando no nos apetece salir y lo decimos, a continuación añadimos algo como “es que estoy cansado y tengo que hacer deberes” o “… y mi madre no me deja”, aunque con un simple “no puedo” ya sería suficiente.

También puede pasarnos que hagamos algo diferente a lo que los demás esperan de nosotros y necesitemos explicarnos o dar motivos para que no se nos juzgue. Esto se llama “sobreexplicación” y es algo muy común, ya que nos da la sensación de que vamos a encajar mejor, podemos agradar a los demás o así evitamos meter la pata.

La sobreexplicación

¿Qué es exactamente la sobreexplicación?

Aparece cuando sentimos que tenemos que hablar de más, justificar lo que hacemos o decimos o dar explicaciones innecesarias, incluso cuando nadie nos las pide.

Esta forma de responder está, muchas veces, relacionada con el miedo —miedo a que se enfaden con nosotros, a que nos juzguen, a parecer raros o a equivocarnos—. Es como si nos defendiéramos, a pesar de que nadie nos está atacando.

Cuando esto se vuelve recurrente, puede transformarse en una costumbre que, aunque en principio nos brinda una sensación de seguridad, a largo plazo nos hace sentir inseguros o agotados.

Cabe destacar que la sobreexplicación es distinto a ser una persona clara o comunicativa.

¿Por qué nos pasa esto?

Diversas razones pueden llevarnos a este comportamiento, entre las que se incluyen:

  • Miedo al conflicto: Pensamos que, si no explicamos todo con detalle, alguien podría enfadarse o molestarse.
  • Baja autoestima: Creemos que nuestras decisiones o pensamientos no tienen validez.
  • Perfeccionismo o autoexigencia: La necesidad de hacer todo a la perfección nos genera temor a cometer errores.
  • Inseguridad social: Nos preocupa excesivamente lo que los demás puedan opinar de nosotros.

Además, nuestras experiencias personales, nuestra historia de vida y cómo nos han tratado en distintos contextos también influyen.

¿Cómo nos afecta?

Es posible que en algún momento sintamos la necesidad de ganarnos la aprobación de los demás, lo que nos lleva a hablar en exceso para “protegernos”. Esta actitud genera ansiedad e inseguridad, ya que al sobreexplicarnos estamos revisando constantemente lo que decimos y hacemos, analizando cada palabra. Incluso podemos imaginarnos que nuestra interlocutora o interlocutor ha entendido mal, lo que podría provocar enfado o distanciamiento. De este modo, caemos en la trampa de justificar y aclarar en exceso.

La sobreexplicación deja una sensación de agotamiento y de que nunca es suficiente.

Aprender a dar menos explicaciones

La expresión “menos es más” adquiere un significado fundamental. No es necesario justificar cada acción o pensamiento para demostrar seguridad y confianza en uno mismo. Respuestas sencillas como “sí”, “no”, “vale” o “prefiero esto” son suficientes y no implican frialdad o indiferencia. Se trata de encontrar el equilibrio adecuado.

Algunas estrategias para conseguirlo pueden ser:

  • Detenerse antes de hablar: Preguntarse si realmente es necesario aportar más detalles o si simplemente estamos tratando de justificar algo.
  • Permitir el silencio: Practicar momentos de silencio, entendiendo que no siempre es necesario generar una respuesta inmediata o llenar cada pausa.
  • Responder de forma concisa: Ante una pregunta, optar por respuestas cortas y directas, sin excusas adicionales.
  • Aceptar la diversidad de opiniones: Entender que, aunque expresemos nuestras ideas con claridad, cada persona posee su propia perspectiva y no se puede controlar la reacción de los demás.
  • Fortalecer la autoconfianza: Valorar las ocasiones en las que hemos comunicado sin necesidad de sobreexplicarnos para reforzar nuestra autoestima progresivamente.

Aprender a dejar de sobreexplicarnos no es un proceso inmediato, pero con práctica y aplicación de estas estrategias, podremos relacionarnos de forma más libre y segura.

No es imprescindible justificar cada acción o sentimiento; es fundamental también atender a nuestra voz interior y reconocer que decir “no” o simplemente optar por la brevedad es perfectamente válido.

Te lo cuenta...

Alba Rodríguez

Alba Rodríguez

Alba es psicóloga sanitaria y ha realizado un máster de migraciones internacionales, salud y bienestar, además de proyectos de cooperación en Senegal, con menores en riesgo de exclusión social así como talleres con refugiados e hijos víctimas de violencia de género. Trabaja como psicóloga en una ONG con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad dando un servicio de atención terapéutica y realizando actuaciones de sensibilización y asesoramiento para la prevención de la violencia y la promoción de la salud mental. Su misión es conseguir el bienestar de la persona, la promoción de una sociedad inclusiva e intercultural y el desarrollo integral de las personas más vulnerables.

También te puede interesar

Deja un comentario