Cuando empieza un Año Nuevo, parece que todo el mundo tiene claro lo que «debería» hacer: mejorar notas, cambiar de hábitos, hacer deporte, madrugar o aprovechar el tiempo. Como si el calendario cambiara y, de repente, tuvieras que convertirte en una versión mejorada de ti mismo, sin preguntar demasiado si eso es lo que necesitas ahora.
Pero ¿y si este Año Nuevo no fuera tanto sobre hacer más cosas, sino sobre escucharte mejor?
Vivimos rodeados y rodeadas de estímulos, exigencias y comparaciones: redes sociales, instituto, expectativas familiares y lo que «toca» a tu edad. En medio de todo ese ruido, es fácil llenar el tiempo con objetivos que suenan bien, pero que no siempre son importantes para ti.
Los «debería» («debería ser más constante», «debería estar mejor») suelen venir cargados de exigencia e incluso nos llevan a perdernos por el camino. La psicología habla de algo clave: la motivación interna. Es aquello que hacemos porque tiene sentido para nosotros y nosotras, no porque alguien más lo espere.
Antes de pensar en metas, quizá la pregunta no sea «qué voy a hacer este año», sino «cómo estoy y qué necesito».

(Re)conocerte no significa mirarte con lupa para encontrar defectos. Significa darte un espacio para observarte sin juicio y escuchar cómo estás de verdad, no cómo crees que deberías estar.
La introspección (mirar hacia dentro) es una habilidad que se entrena y que ayuda a:
A veces llenamos el tiempo con actividades, pantallas y tareas para evitar el vértigo de parar. Es como tirar cubos de agua al mar: mantenemos la actividad sin conectar con lo importante.
Sin embargo, el descanso no es solo dormir. También es tener espacios sin objetivos, sin productividad y sin tener que demostrar nada. El «aburrimiento» y el tiempo libre no estructurado son necesarios para conectar con la creatividad y las emociones. Puedes leer más sobre la importancia de aburrirse aquí.

Las necesidades no siempre aparecen como frases claras; a veces se manifiestan como cansancio, irritabilidad o ganas de aislarte. Escucharte implica hacerte preguntas honestas:
No siempre tendrás respuestas inmediatas, y está bien. Escuchar también es aceptar la confusión.
Este ejercicio no busca decidir objetivos, sino entenderte mejor. Solo necesitas papel, bolígrafo y un momento tranquilo. Divide la hoja en cuatro partes y escribe:

En lugar de un gran propósito, prueba un momento semanal o diario de check-in contigo (5–10 minutos). Pregúntate cómo estás, qué te ha hecho bien y qué necesitas un poco más.
Quizá este año no se trate de llenarlo de logros, sino de hacerle sitio a lo importante. (Re)conocerte es un proceso continuo que no tiene prisa. Recuerda: no tienes que convertirte en nadie distinto para merecer cuidado y atención.
¡Que tengas un buen año!
Psicóloga y acompañante de personas en situación de vulnerabilidad: experiencia con menores en riesgo de exclusión social, migraciones, diversidad funcional y colectivo LGBTIQA+. Amante de todas las formas de vida, su misión es crear espacios sostenibles. Cooperante y gestora en proyectos de agroecología y protección animal. Escritora y fotógrafa en búsqueda de aprendizajes. “Cualquier momento es bueno para la ternura”.