¿Te has dado cuenta de que a veces una persona prefiere una discusión antes que sentirse ignorada? Puede sonar raro, pero tiene bastante sentido. Los seres humanos necesitamos sentir que existimos para los demás.
En Psicología existe un concepto muy interesante llamado caricias emocionales, desarrollado dentro del Análisis Transaccional por el psiquiatra Eric Berne. Una caricia emocional es cualquier gesto que haga sentir a otra persona: «sé que estás aquí», «te veo», «importas». Y probablemente recibes (o buscas) muchas más de las que imaginas cada día.
Cuando no entiendas qué ocurre en una situación,
tradúcela a caricias».
¿Qué son las caricias emocionales?
Berne las llamaba strokes. «Stroke» pretendía ser un término neutro para remarcar que toda interacción es «un toque», tanto corporal como verbal. No hablamos solo de abrazos o contacto físico. Una caricia emocional puede ser algo tan cotidiano como:
- Una sonrisa
- Un «¿cómo estás?»
- Escucha atenta
- Un mensaje de texto
- Estar presente en una celebración
- Una mirada tierna
Son pequeñas señales de reconocimiento. En el lenguaje del Análisis Transaccional, la caricia es la unidad mínima de reconocimiento.
Nuestro cerebro necesita este tipo de conexión desde que nacemos. Los bebés no solo necesitan comida y descanso: también necesitan contacto, miradas, afecto y cuidado emocional para desarrollarse de manera saludable. Y por mucho que crezcamos, esa necesidad no desaparece. Seguimos necesitando sentir que importamos, que pertenecemos y que alguien nos tiene en cuenta.
Cada persona es única en sentir reconocimiento
Puede que hayas escuchado hablar de los «lenguajes del amor»: personas que expresan cariño mediante palabras, tiempo de calidad, regalos, ayuda o contacto físico. Con las caricias emocionales ocurre algo parecido.
Hay personas que se sienten muy queridas cuando alguien pasa tiempo con ellas, reciben mensajes, les dicen cosas bonitas, las abrazan, les hacen un regalo o les preguntan sobre sus intereses. Y otras quizá necesiten más espacio, compañía silenciosa, humor compartido o pequeños detalles inesperados.
No todas las personas necesitamos exactamente lo mismo. Aprender eso puede mejorar muchísimo nuestras relaciones: preguntarnos con curiosidad cómo es para la otra persona recibir reconocimiento, y cómo es para nosotros mismos.
Las caricias positivas… y las negativas
Aquí viene una de las partes más curiosas de esta teoría. Las caricias emocionales pueden ser positivas o negativas. Y la regla es: las positivas son mejores que las negativas, pero las negativas son mejores que nada.
+Caricias positivas
Son las que nos hacen sentir bien. Por ejemplo:
- «Me gusta estar contigo».
- Un abrazo cuando estás mal.
- Un «te salió genial».
- Reírte con alguien.
- Sentirte escuchado.
Estas caricias aumentan la sensación de bienestar, conexión y autoestima.
−Caricias negativas
Son las que nos duelen o generan malestar. Por ejemplo: burlas, críticas constantes, ignorar a alguien, comentarios crueles disfrazados de broma, hacer sentir menos a otra persona, invalidarla o ridiculizarla.
A veces las personas prefieren recibir caricias negativas antes que no recibir ninguna. Porque sentirse invisible puede doler muchísimo. «Aunque sea para regañarme o insultarme, al menos me miran». Esta es la razón por la que algunos adolescentes —y adultos— provocan conflictos que en apariencia no tienen sentido.
Las caricias incondicionales… y las condicionales
No todas las caricias emocionales funcionan igual. Hay otra distinción importante:
INCCaricias incondicionales
Son las que recibimos porque somos, no por lo que hacemos.
- «Te quiero».
- «Me gusta tenerte cerca».
- «Estoy contigo».
- «Me alegra que existas».
Nos hacen sentir valiosas y valiosos aunque no estemos haciendo algo perfecto o como se espera de nosotros.
CONCaricias condicionales
Dependen de algo que hacemos. Por ejemplo:
- «¡Qué buena nota!»
- «¡Qué bien juegas!»
- «Siento orgullo de ti por ganar».
- «Gracias por ayudar».
También pueden ser placenteras, claro. El problema aparece cuando solo recibimos reconocimiento por rendir, agradar o hacerlo todo bien. Porque entonces podemos empezar a sentir que solo merecemos cariño si cumplimos expectativas.
| Tipo de caricia | Qué transmite | Impacto en el bienestar |
|---|---|---|
| Positiva incondicional | «Existes y eso me importa» | Alta autoestima, seguridad |
| Positiva condicional | «Haces cosas que me gustan» | Satisfacción, pero dependiente del rendimiento |
| Negativa condicional | «Lo que haces no está bien» | Malestar, pero existe el reconocimiento |
| Negativa incondicional | «Tú como persona no me vales» | Daño profundo en la autoestima |
| Ausencia total de caricia | «No existes para mí» | El dolor más difícil de sostener |
¿Qué hacemos para conseguir reconocimiento?
Cada persona desarrolla sus propias maneras de buscar caricias emocionales cuando las necesita. Algunas bastante sanas:
- Compartir momentos de calidad con otras personas
- Pedir ayuda
- Buscar compañía
- Expresar emociones con honestidad
Y otras menos saludables:
- Llamar la atención constantemente
- Provocar conflictos
- Aislarse esperando que alguien vaya detrás
- Intentar agradar a todo el mundo
- Fingir que no necesitan nada
Muchas veces estas conductas aparecen porque no aprendimos otra forma de pedir afecto o reconocimiento. No nacemos sabiendo cómo pedir lo que necesitamos. Lo aprendemos —o no lo aprendemos— en nuestras primeras relaciones.
Para reflexionar un momento
Te propongo escribir tu respuesta a estas dos preguntas (puedes hacer listas):
¿Qué cosas me hacen sentir importante o querido/a?
¿Un mensaje inesperado? ¿Que alguien te escuche sin mirar el móvil? ¿Una conversación larga? ¿Un abrazo a tiempo?
¿Qué hago cuando me siento ignorado/a?
¿Te cierras? ¿Provocas? ¿Te sobreexplicas? ¿Finges que no pasa nada?
No se trata de juzgarte. Solo de conocerte mejor. Necesitar atención y afecto no nos hace débiles, nos hace humanos.
Crecer no significa dejar de necesitar
A veces pensamos que crecer significa hacernos independientes y autosuficientes, dejar de necesitar afecto. Y no es verdad. Todas las personas necesitamos sentirnos queridas, importantes y reconocidas.
Puede haber formas de pedir atención que sean dañinas. Pero reconocer que necesitamos afecto, aceptarlo y pedirlo de manera sana tiende puentes y acerca a las personas. Es importante reconocer esa necesidad, aceptarla y encontrar formas saludables de satisfacerla.
Gracias por la caricia de leerme.
