Cuando somos pequeños, aprendemos quiénes somos a través de los demás. Lo que nos dicen nuestros padres y madres, las profesoras, amigos, parejas, funciona como si fueran un espejo que refleja quiénes somos. Y de manera directa o indirecta nos dicen cómo somos, qué hacemos bien, qué hacemos mal o qué esperan de nosotros.
Pero de todo esto no podemos olvidar un detalle muy importante: ese espejo no es un reflejo de la realidad. La mayoría de veces lo que muestra son las opiniones, creencias o miedos de esas personas. Pero, aun así, comenzamos a formarnos una idea de nosotros mismos, de quiénes o cómo somos y, en realidad, esa idea no es nuestra.
Vamos a partir de esta realidad para descubrir cuál es nuestra propia voz y que podamos diferenciarla de lo que hemos aprendido de los demás.
Las voces que llevamos dentro
Si nos paramos a pensar, es probable que en algún momento de nuestra vida hayamos pensado algo como “seguro que me sale mal”, “mi opinión no es importante” o “no valgo para esto”. Aunque estas frases vienen de nuestro interior, eso no quiere decir que nacieran de nosotros. A lo largo de la vida vamos guardando e interiorizando mensajes que nos transmiten o que escuchamos de forma repetida.
Estos mensajes pueden surgir de personas que han sido importantes en nuestra vida, de situaciones en las que nos hemos sentido poco valorados o juzgados, o de momentos en los que empezamos a dudar de nosotros mismos. Con el tiempo, esa información se va interiorizando y acaba formando parte de nosotros, hasta el punto de que dejamos de percibir esos mensajes como algo externo y se convierten en una voz propia, en lo que nos decimos a nosotros mismos.
01Identificar
Un primer paso importante es identificar esos mensajes que nos decimos casi sin darnos cuenta. Muchos aparecen de forma automática, como si fueran verdades, y ni siquiera los cuestionamos. Suelen tener una carga negativa y nos generan malestar, haciendo que dudemos de nosotros mismos o que nos sintamos menos capaces.
Estos pensamientos pueden aparecer en forma de frases como “eres tonto”, “seguro que lo haces mal” o “el resto sabe más que yo”. Cuando estos se repiten, influyen en la manera de vernos y en la confianza que tenemos en nosotros mismos. Por eso, aprender a detectarlos es el primer paso para empezar a cambiarlos.
Como muchas veces nos hablamos así de manera automática, no siempre nos damos cuenta de esos mensajes que nos lanzamos. Una forma útil de identificarlos es preguntarnos si le diríamos esas mismas cosas a nuestro mejor amigo o a alguien a quien queremos. Después, puede ser buena idea anotarlos en una libreta para que nos sea más fácil detectarlos la próxima vez.
02Origen
Una vez que hemos identificado esos pensamientos negativos o que nos limitan, el siguiente paso es averiguar de dónde vienen. Para ello podemos preguntarnos dónde lo aprendimos o quién nos dijo algo parecido en algún momento. Esto nos va a ayudar a lograr algo muy importante: diferenciar esas “voces” de la nuestra y dejar de sentir esas frases como si fueran parte de nuestra identidad.
Para hacerlo, cada vez que aparezca un pensamiento negativo, podemos pararnos un momento y preguntarnos:
- ¿Esto es realmente mío?
- ¿Se parece a algo que alguien me dijo alguna vez?
Con este ejercicio, a veces, incluso podemos recordar el tono en el que nos lo dijeron o cómo nos hacían sentir esas palabras en su momento.
Cuando le ponemos nombre a esas voces, dejamos de verlas como una verdad absoluta y empezamos a entenderlas como una opinión externa, como algo que aprendimos.
03Diferenciación
En este paso buscamos aprender a diferenciar nuestra propia voz de la de los demás. Cuando aparezca un pensamiento como “no soy suficiente”, vamos a relacionarnos con él de otra manera. En lugar de asumirlo como una verdad propia, podemos tomar distancia y responder, por ejemplo:
- “Esta voz no es mía, se parece a la de…”
- “Esto es algo que aprendí, pero no tiene por qué ser verdad”.
Este ejercicio nos permite poco a poco distanciarnos de esos pensamientos y empezar a construir una forma de vernos más justa, realista y propia.
Cuando nos hacemos mayores, vamos siendo más conscientes de quiénes somos o quiénes queremos ser. Pero crecer no significa únicamente aprender cosas nuevas, sino cuestionarnos lo que ya sabemos y lo que nos dicen. Esto nos permite descubrir quiénes somos más allá de lo que los otros dicen de mí.
Crecer no significa únicamente aprender cosas nuevas,
sino cuestionarnos lo que ya sabemos y lo que nos dicen»
Tres separaciones que cambian cómo te ves
Para empezar a escuchar tu propia voz, practica diferenciar conscientemente:
- Lo que te dijeron, de lo que tú piensas.
- Lo que los demás esperan de ti, de lo que tú quieres.
- Lo que aprendiste, de aquello que quieres mantener.
Esto no significa rechazar todo lo que has vivido o aprendido, sino elegir de manera consciente lo que forma parte de ti.
