La conversación llega casi siempre en el mismo momento: enero o febrero, sobremesa de domingo, alguien menciona que el hijo de unos amigos se va el curso que viene a Estados Unidos.
Es un buen momento para empezar a pensarlo, y conviene saber cómo funcionan los tiempos.
La decisión de irse el curso 2027-28 se empieza a preparar ahora, en otoño, aunque no se firme nada hasta dentro de unos meses. Así lo marca el calendario de los colegios y de los visados, y empezar pronto es lo que permite hacerlo todo con calma.

Un año escolar en el extranjero se planifica con nueve a doce meses de antelación. Para salir en agosto o septiembre de 2027, la ventana buena de decisión va de septiembre de 2026 a enero de 2027.
Por qué tanto tiempo, en corto:
Con margen, cada paso se da sin prisas y con más opciones donde elegir.
En España, el curso que más margen da para irse fuera es 1º de Bachillerato, seguido de 4º de la ESO. Son los dos que mejor encajan con la convalidación y con el momento madurativo.
El razonamiento, curso a curso:
Ojo con una cosa: la edad manda tanto como el curso. Los programas tienen límites de edad, y el curso que hará allí se ajusta según la edad, el nivel de inglés y el historial académico. Lo vemos con cada familia desde el principio.

Para arrancar un año escolar en el extranjero suele bastar un B1 sólido. Con un B2 el estudiante se suelta desde la primera semana. No hace falta ser bilingüe y no hace falta un título concreto en la mayoría de programas.
Lo que sí se mira es que pueda seguir una clase a ritmo normal, pedir ayuda cuando se pierde y defenderse en una conversación con varias personas hablando a la vez.
Si el nivel se queda corto, ahí está justamente la ventaja de decidir con margen: hay tiempo de meter un curso previo de inmersión o un verano fuera antes del año completo. Por eso merece la pena empezar a mirarlo pronto.
También se valora el expediente: en algunos programas se pide mantener un buen rendimiento académico durante el curso, y lo explicamos con detalle desde la primera conversación.
Antes de abrir una sola web de colegios conviene tener cerradas tres cosas. Con ellas claras, comparar destinos es mucho más fácil.
Duración. Trimestre, semestre o año completo. Cambia el encaje académico, el nivel de inmersión y la convalidación.
Tipo de alojamiento. Familia anfitriona o boarding school. No es una cuestión de categoría, es de carácter: hay adolescentes que rinden mucho mejor con vida organizada y estructura, y otros que necesitan una casa más recogida y familiar.
Qué se busca del año. Inmersión cultural pura, refuerzo académico, poder elegir colegio y asignaturas, o preparar una candidatura a universidad fuera. Cada respuesta lleva a un programa distinto, y algunas se excluyen entre sí.

Empezar con margen es lo que permite elegir con calma.
Empezamos por el perfil del estudiante, no por el catálogo de destinos. Nivel de inglés real, madurez, momento académico, carácter y qué espera la familia. De ahí sale la recomendación de duración, país y tipo de alojamiento.
A partir de ahí hay un gestor que acompaña los trámites: solicitud y plaza, traducción de notas e informes, entrevistas, visado, vuelos y convalidación al volver. Durante el curso, coordinador local en destino e informes periódicos a la familia.
Si el curso 2027-28 os ronda la cabeza, una primera conversación con el equipo sirve para ver vuestro calendario concreto, sin compromiso.
Entre nueve y doce meses antes de la salida. Para salir en agosto o septiembre, la ventana buena de decisión va del septiembre anterior a enero. El tiempo se va en la solicitud, la asignación de colegio o familia anfitriona y los plazos de visado, que no se pueden acelerar.
1º de Bachillerato es el más habitual porque deja 2º completo en España para preparar la EBAU. 4º de la ESO también encaja muy bien. 2º de Bachillerato solo tiene sentido si el plan es estudiar la universidad fuera del sistema español.
Un B1 sólido suele bastar para arrancar y con un B2 se mueve con soltura desde el primer día. No hace falta ser bilingüe. Si el nivel se queda corto y hay margen de tiempo, se refuerza con un curso previo de inmersión o un verano fuera.
En algunos programas es posible, y lo valoramos caso por caso. Aun así, decidir con margen da más opciones y permite preparar cada trámite con tranquilidad.
Primero el perfil del estudiante y qué se busca del año: inmersión, refuerzo académico o capacidad de elegir colegio. Después, la duración y el tipo de alojamiento. El país es la última pieza, no la primera, aunque casi todas las familias empiecen por ahí.
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