Descubriendo África: el poder de las comunidades

Descubriendo África: el poder de las comunidades
06Ago 2022

Somos como islas en el mar, separados en la superficie, pero conectados en la profundidad.

William James

Sé que siempre insisto en esto cuando hablo del continente africano, pero me gustaría volver a parafrasear a uno de los mejores periodistas del siglo XX (cuyos libros no puedo parar de recomendaros, en concreto, Ébano, donde narra sus más de 30 años de viajes como periodista por África), Ryszard Kapuściński que dice que África es imposible de definir de una sola forma. Hablamos de un mosaico de contrastes, de vidas, diversidades… En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe”.

Con esto claro, quiero que sepas, querido lector, que soy un amante del continente africano, de descubrir las historias de los lugares y de sus personas, mezclarme en las culturas y dejarme llevar por los sabores, los colores y las sensaciones tan vivas que se experimentan en estos lugares en pleno contacto con la naturaleza. 

Y, tras varios años trabajando allí, pasando periodos más o menos largos y haciendo muchos viajes con experiencias que me han cambiado la vida, siento que tengo una misión. Como explico en el artículo de la responsabilidad del viajero, creo que la gente que tenemos la suerte (y la curiosidad) de poder viajar y conocer otros lugares tenemos de alguna forma la responsabilidad de contar sus historias, de darles voz y de colaborar en romper estereotipos e ideas preconcebidas que normalmente están muy lejos de la realidad. 

Hoy quiero hablarte de una de las lecciones más grandes que he aprendido en mis viajes y que es muy común en los lugares que he estado. Hoy quiero hablarte del poder de las comunidades

En 1992, un joven llamado Christopher McCandless decidió vivir en soledad en medio de la tundra de Alaska. Abrumado por la civilización, quería experimentar la naturaleza sin filtros y vivir de la tierra durante un tiempo. Sobrevivió varios meses cazando, pescando y recolectando, pero al final falleció, probablemente intoxicado por las semillas de una planta. 

Durante todo este tiempo mantuvo un diario que fue la base para el libro y la película de su vida: “Hacia rutas salvajes” (¡no dejes de verla!). En su diario y anotaciones se ve cómo Christopher no echaba de menos la televisión, la calefacción, ni otras comodidades de la civilización. Extrañaba la compañía. Entendió que no hay nada natural en la soledad y que la felicidad solo es real cuando es compartida.  

Nuestro cerebro busca compañía porque sabe que, en un entorno salvaje, la soledad significa sentencia de muerte. Durante toda nuestra existencia vivimos en grupo, rodeados de nuestra tribu. Salvo excepciones, el grupo permanecía unido toda su vida. 

Déjame que te cuente 5 cosas que he aprendido observando a las comunidades y que me sirven de ejemplo e inspiración para tratar de relacionarme así con mi tribu. 

1. La importancia de la comunidad

Las formas de vivir son muchas y muy diversas y dependen de muchísimos factores, entre ellos, las raíces culturales, los lugares donde están o el “status social” o rol que se tiene en las sociedades. Pero, a la vez, tenemos formas parecidas de entender el mundo y de disfrutarlo. Una sonrisa tiene el mismo significado en cualquier parte del globo. 

En el mundo más occidental, donde reinan las grandes ciudades caóticas, con mucho tráfico y mucha gente y donde la productividad es uno de los valores principales de la sociedad, vivimos rápido y con prisa. Y, sin ánimo de criticar, podrás reconocerme que la vida en pleno siglo XXI ha cogido un toque algo individualista y perseguir el bienestar de uno mismo a través de tus propios logros es la forma más común de vivir. 

Vivir a través de las personas, crear comunidad y el sentimiento de pertenencia es, sin embargo, el estado natural del ser humano. El estrés es un mecanismo de alerta del cerebro cuando se acercaba un peligro (como un depredador) y nos permitía estar alerta, inquietos, para poder actuar en cualquier momento.

¿Cómo puede ser entonces que el estrés se convierta en algo común entre las personas que nos rodean? ¡Algo estaremos haciendo mal si nuestro cuerpo está en continuo estado de alerta!

Tu tribu, tu comunidad, es decir, tu grupo de amigos, tu familia, tus vecinos… influyen más en ti de lo que crees y los necesitamos mucho más de lo que parece para llevar una vida plena, auténtica y verdaderamente conectada. Te ánimo a que observes tus relaciones, cómo funcionan, les pongas nombre y las cuides. Ahí es donde está la verdadera felicidad. 

¡La señora de mitad de la foto tiene 102 años! La conocí en un pequeño pueblo de Keny.

2. Respeto basado en la experiencia

Es asombroso observar las relaciones sociales de respeto y máxima admiración que hay en estas comunidades. Los mayores, por ser mayores y llevar mucho tiempo vivos, son considerados los más sabios, más respetados y mejor cuidados. Hay comunidades en África, Latinoamérica o Asia donde esta manera de relacionarse con los mayores hace que vivan más tiempo y de mejor calidad. Te recomiendo que leas este artículo donde explico en detalle la influencia de estas relaciones en la calidad de vida de las personas.

Además, cada persona sabe el papel que tiene en la comunidad. Niños de 5 años cuidando a niños de 2 o hermanos mayores haciendo de líderes de la familia cuando el padre tiene que irse varios días al campo, por poner algún ejemplo. Además, allí es más importante la tribu que la familia. Tu tío puede ser igual de importante que tu padre y tener un rol similar en la educación de los hijos. Los primos son como hermanos y las relaciones que se crean de pequeños marcarán la vida de esos niños para siempre. 

3. Acogida del desconocido

Compartiendo con estas comunidades, he descubierto el verdadero significado del “amor al prójimo” que dice el cristianismo; el amor altruista que no espera nada a cambio

La forma de acoger a los desconocidos que tienen las culturas africanas que he conocido se basa en hacer sentir al desconocido como en casa. De hecho, en la cultura senegalesa (que se llama Teranga y de la que puedes aprender más en este otro artículo que escribí) dice literalmente en una de sus frases: “Hoy usted es el dueño de mi casa” cuando invitan a alguien a comer o pasar el rato a casa. 

Un gran amigo, Xabier, a quien conocí en Kebemer, en el norte de Senegal cuando viví allí, me dijo: “Sergio, mientras haya comida en mi plato (refiriéndose al único y gran plato de comida del que comen las familias senegalesas, compartiendo y comiendo con las manos), todo el mundo es bien recibido. Sobre todo, quien no tiene que comer, esta familia siempre estará abierta a la acogida”. 

También era curioso cuando comentaba con gente del pueblo que había emigrado a España y había vuelto y decía: “realmente es mejor ser pobre en Senegal que ser pobre en Europa. Allí cuando no tienes dinero no vales, aquí nos regimos por otro criterio para valorar, aceptar y acoger a las personas. No importa qué has conseguido, cuánto dinero tengas ni qué título universitario posees. Aquí la vida son otras cosas”.

4. Acompañar sin necesidad de interactuar

Una de las cosas más bonitas que he aprendido en mis viajes en estos lugares más sencillos y genuinos donde reina la vida en comunidad es a compartir espacio, un lugar con personas sin necesidad de estar interactuando con ellas. Sentir que latimos como uno, que somos parte de un mismo todo y que la mera compañía transmite muchas veces más que un intenso diálogo sobre la vida y el universo. 

Aprender a estar, sin interactuar, sin cambiar las cosas. Dejar que las cosas sean como tienen que ser y que sea ese lugar, ese espacio, el que muestre lo que se necesita. 

En Senegal pasé horas compartiendo té con mis amigos simplemente estando, acompañándonos, viviendo en comunidad, pero en absoluto silencio. Y creedme, se estaba muy a gusto.

5. Conexión con el entorno

Somos seres sociales, sí, pero también somos seres salvajes. Venimos de la naturaleza y es en ella donde encontramos nuestra verdadera esencia. En mis viajes he ido aprendiendo a convivir con la naturaleza de una manera más real, sencilla y agradecida. 

Son infinitos los rituales de agradecimiento, de petición o simplemente de conexión que he vivido en comunidades africanas. Danzas a la lluvia, canciones al sol, rituales con semillas y caldos “mágicos”… siempre buscando la interacción con la Madre Tierra. 

Personalmente estoy cada vez más en contacto con la naturaleza, desde echar fines de semana en la montaña, escalar, hacer rutas, dormir al raso, andar descalzo… son cosas que el cuerpo identifica como nuestra esencia y eso nos hace generar “dopamina” (una de las hormonas de la felicidad), que es una de las sustancias que genera tu cerebro como recompensa cuando haces algo que le gusta y le hace sentir vivo. 

Es difícil en pocas palabras contar todas estas historias y explicar estas formas de vida tan diferentes a lo que nuestra sociedad está tendiendo. Pero yo creo que hay esperanza, yo creo que es posible una vida más sencilla, compartida y en comunidad combinada con los avances del mundo en el que vivimos. Te animo a que pares, observes las relaciones sociales de tu comunidad, y emitas tu propio juicio sobre cómo quieres que sigan siendo.

Gracias, amigo, por leer, compartir y seguir estando entre nosotros, esta comunidad de “apasionados” viajeros.

Sobre el Autor

Sergio Lagarde

Sergio Lagarde

Apasionado por viajar, las culturas y las personas, Sergio es un ingeniero con experiencia en proyectos de cooperación internacional y de impacto social en comunidades por África y América Latina. Trabaja como coordinador de un proyecto de educación en África, ha fundado una ONG que trabaja con jóvenes activistas y ha montado una startup de movilidad sostenible.

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