Inteligencia social I – Creando contextos de conexión

Inteligencia social I – Creando contextos de conexión
21Nov 2020

¿Pero qué es esto de la Inteligencia social?

¿Es que, acaso, se puede ser inteligente socialmente hablando?

En efecto, se trata de una de las dimensiones más importantes de la especie humana, ya que está íntimamente ligada a su desarrollo como especie. Necesitamos de la interacción y convivencia con otros seres humanos para nuestro desarrollo, educación, aprendizaje y para reproducirnos como especie.

Uno de los referentes de la inteligencia emocional y social, Daniel Goleman, define el tema que hoy nos ocupa como la capacidad humana para relacionarse. Estamos hablando de una de las habilidades esenciales que han permitido que nuestra especie sobreviva.

Evidentemente, existen numerosos procesos organísmicos relacionados con esta faceta humana. Por ejemplo, la amígdala, un conjunto de núcleos de neuronas encargada de procesar y almacenar reacciones emocionales, nos da información automática sobre si las personas de nuestro entorno representan un peligro o no para nosotros. 

El sentido de pertenencia forma parte de nuestro desarrollo individual y social determinando en gran medida de qué manera establecemos vínculos socioafectivos con nuestro entorno, nuestra manera de coordinarnos, cooperar e interactuar con las personas que nos rodean.

Thorndike, un famoso psicólogo norteamericano, decía que la aptitud social es la capacidad de actuar sabiamente en las relaciones humanas. Vamos, que más nos vale andarnos con ojito con esto de la inteligencia social. 

Quizás sea inteligente (valga la redundancia) poner consciencia en esta faceta que tanto tú como yo tenemos y que, como pasa con la creatividad o nuestra capacidad física, puede entrenarse y ser manejada de una forma sabia.

La historia de una chamana

Hace unos meses, fui a visitar una amiga alemana que trabaja en el mundo de “lo social”, como le solemos llamar. Para mí, es como una chamana: ¡hace pura magia!

Déjame que te cuente un poco más en profundidad. Ella se encarga de apoyar, guiar y empoderar a personas que llevan muchos años en desempleo. Los acompaña de una forma muy amorosa en sus procesos de reinserción laboral, ayudándoles a redescubrir sus talentos y la manera en que quieren contribuir en el mundo de nuevo.

Como te imaginarás, es un trabajo muy delicado porque muchas de estas personas han perdido la confianza en sí mismas y, a veces también, en las personas que le rodean. 

Nos contó una pequeña anécdota de un hombre que se negaba a recibir apoyo de su parte. Físicamente su lenguaje corporal era un ceño fruncido y los brazos o bien cerrados en arras o dando golpes no muy ruidosos pero contundentes en la mesa. Parecía cabreado y tenía muy presente lo que ella llamaba la “energía del NO”. Después de unas cuántas sesiones observando la misma conducta en él, se dio cuenta de que precisamente en eso era muy bueno: en decir que no, en poner límites y a mostrarse firme en su postura, con determinación. 

En esta conducta, bien es verdad que no siempre adaptativa para muchas situaciones de nuestra vida, nuestra chamana vio una forma para que este señor descubriese de nuevo su potencial. De modo que le sugirió si quería ayudarle en las sesiones que tenía con grupos. Simplemente, participar de las tareas para que otros le conociesen. 

Tampoco en las sesiones grupales hacía las tareas asignadas. Sin embargo, estaba allí acompañando y apoyando al resto del grupo. De a poquito, darle una responsabilidad al que parecía el típico “malote” bastó para hacerle consciente de nuevo de su potencial, de su garra y de una de muchas formas en que podía contribuir en su contexto.  

Como os digo, ¡una chamana! Ella sabía qué rol debía ocupar este señor para que le fuese beneficioso tanto a él como al resto del grupo. 

Esto es pura maestría ¡claro! Sin embargo, un ejemplo muy simbólico de cómo esa interacción individual y colectiva puede no solo sanar, sino también servir para construir juntos.

Desarrollo consciente: observando el espacio

¿Cómo podrías tú desarrollar este tipo de inteligencia conscientemente?

Sin duda, es un proceso que dura toda la vida. ¡Pedazo de reto! 

Pues sí, pero poco a poco, ¡que en el proceso es donde está la “vidilla”!

Karl Albrecht desarrolló un modelo que me parece sencillo de entender y muy útil para empezar a poner estas habilidades en práctica de una forma consciente. 

Se trata de un modelo para evaluar y desarrollar nuestra propia inteligencia social. En resumen, se trata de cinco dimensiones que nos ayudarán a reflexionar sobre cómo interactuamos con nuestro entorno y qué podemos seguir haciendo para mejorar. 

SPACE (“espacio” en inglés, de Situación+Presencia+Autenticidad+Claridad+Empatía) es la palabra clave que vamos a utilizar para recordarlo. ¡Vamos a analizar nuestro espacio entonces!

1.- Situación

Esta es la parte del modelo que se refiere a nuestra cognición social. Es decir, nuestra habilidad para leer y entender el contexto social en el que estamos.

Si recuerdas el final de nuestro artículo sobre habilidades interculturales, también hablábamos sobre pararnos un momento a observar dónde y con quién estamos, ver cómo funcionan en este espacio y partir de ahí para actuar. Recuerda que tú también formas parte de ese espacio, así que también es importante tomar consciencia de dónde vienes. 

Algunas preguntas útiles: ¿Cómo me siento yo ahora?

Observar: ¿Cómo percibo a las personas que están en este espacio? ¿Cómo se relaciona este grupo entre sí?

2.- Presencia

Para poder llevar a cabo el punto anterior, se requiere presencia. En este contexto, con presencia nos referimos al impacto que alguien tiene en el espacio a través de su apariencia física, comportamiento, lenguaje corporal, actitud y cómo esa persona se desenvuelve en ese espacio. Estar presentes nos ayuda a crear confianza y proximidad, que las personas con las que estamos se encuentren más a gusto con nosotros para crear un contexto de conexión.

Nuestra recomendación para este punto es:

  • Respira
  • Toma consciencia del impacto de tu presencia y la de otros en el grupo

3.- Autenticidad

Esta dimensión del modelo revela cómo de honesta y sincera es nuestra interacción con los demás y con nosotros mismos. Ser auténtico es compatible con ser adaptable. Se trata más bien de una actitud con respecto a sí mismo y los demás, de permanecer conectado con lo que es importante para nosotros y nuestros valores fundamentales, todo esto teniendo el espacio en cuenta. 

Para este punto, durante el proceso de interacción con el grupo puedes preguntarte:

  • ¿Me estoy sintiendo cómodo/a en este espacio?
  • ¿Estoy siendo fiel a mis valores fundamentales?

4.- Claridad

Estoy seguro de que ya te habrás dado cuenta de cómo de entrelazados están todos estos pasos.

Para poder SER claridad, es decir, expresar nuestros pensamientos, nuestras opiniones, ideas e intenciones con claridad, uno previamente tiene que estar conectado consigo mismo, con sus necesidades dentro de ese grupo, sus valores e ideas. 

La comunicación dentro de los contextos sociales es clave. Por eso, creemos que este punto tiene mucho que ver con ser capaces de expresarnos de una forma asertiva.

¿Cómo?

  • Utiliza mensajes en primera persona para expresarte: “Tengo la impresión de que…”, “Yo pienso que…”, “Me siento de esa forma cuando expresas esa otra cosa”, etc. De esta manera, estarás creando un contexto sano en el que poder expresar tu subjetividad. Ten cuidado con las generalizaciones: quizás no todo el mundo se siente identificado con alguna generalización en particular (sobre nacionalidades, hombres, lesbianas, funcionarios, artistas…). 
  • Acostúmbrate a identificar la diferencia entre emociones, pensamientos/juicios, sensaciones y necesidades. Son importantes a la hora de comunicarnos con claridad. 

5.- Empatía

Esta última dimensión nos invita a tomar consciencia sobre cómo de considerad@s somos con los demás y sus sentimientos. La empatía nos conecta, nos ayuda a reconocernos en el otro y a entendernos. 

Para ello: 

  • Cuida tu lenguage corporal: contacto visual, tono de voz, expresión y movimientos amables, adaptándolos a la situación. 
  • Practica tu escucha activa: el que escucha activamente, no escucha para intervenir sino para acompañar. 

Algunos ejemplos sencillos donde lo puedes poner en práctica son cuando te sientes a comer con tu familia, cuando quedes con tu cuadrilla de amig@s o cuando alguien te llame para contarte algo importante. 

¡Y utiliza el modelo SPACE siempre que te acuerdes! O cualquier otro truquito que a ti te sirva para desarrollar tu inteligencia social. Observa, respira, conéctate contigo y con “el otro”, comunícate en primera persona y cuida tu lenguaje corporal. Verás como poco a poco, te vas haciendo tan expert@ como mi amiga la chamana

Sobre el Autor

Alejandro Ballesteros Barnie

Alejandro Ballesteros Barnie

Alex es community manager, psico-terapeuta, formador y facilitador. Cooperación internacional en Senegal, Costa Rica e India; programas de acompañamiento juvenil, educación emocional y experiencial en España; y coordinación de la comunidad de expatriados más grande del mundo desde Alemania, han sido sus grandes aportaciones. Su misión es crear espacios donde los jóvenes puedan conectar con quiénes son, sus talentos y su manera de contribuir en el mundo de una forma sostenible.

Más sobre mí:

Deja un comentario

Dinos cómo podemos ayudarte. Te llamamos.

He leído y acepto el Aviso Legal y la Política de Privacidad