La sabiduría de dar y recibir retroalimentación II

La sabiduría de dar y recibir retroalimentación II
04Dic 2021

En nuestro artículo de la semana pasada hablábamos sobre la importancia de la retroalimentación. Si aún no lo has leído, es importante que lo hagas para entender lo que vas a leer en este.

Cultivar el arte de la retroalimentación

Una forma de hacerle saber a alguien cómo te afectan sus acciones es usar la secuencia que nos enseña la comunicación no violenta: observación – sentimiento – necesidad – solicitud.

  • Primero, describe lo que realmente observaste, utilizando información específica y práctica. 
  • A continuación, expresa lo que estás sintiendo. 
  • Luego, conecta las necesidades o valores que tienes y compártelas con la otra persona. 
  • Finalmente, si quieres, puedes hacer una solicitud o petición, estando preparados, por supuesto, para escuchar un “no” si no puede o no quiere hacer lo que les está pidiendo.

Debemos siempre hacer una pausa y reflexionar, buscando la auto-empatía y la empatía por la otra persona. De esta manera la práctica será más humilde y sencilla.

La retroalimentación que tiene la intención de mejorar el sistema, grupo o la cultura de la que ambas personas formáis parte o del que el grupo,  se debe dar como un regalo a la otra persona o al grupo y, por tanto, de esta manera probablemente sea bien recibida e integrada.  

En cierto sentido, todos los comentarios son “comentarios positivos”. La verdadera razón de la retroalimentación es que tenemos la información que necesitamos para mantenernos vivos y saludables. El dolor tiene un propósito muy valioso: pregúntale a cualquiera o a ti mismo qué aprendizaje obtuvo después de un momento doloroso. Puede que no sea divertido, pero lo necesitamos para sobrevivir y evolucionar.

5 pasos para dar retroalimentación

  1. Averigua si la persona está abierta para recibir tus comentarios y asegúrate de que es un buen momento. Si no es así, analiza si otro momento o contexto funcionaría mejor. Puede que en otro lugar u otro momento del día.
  2. Si estáis preparados, puedes ofrecerle a la otra persona dar su propia retroalimentación o autoevaluación primero sobre la situación. Es decir, qué cosas ha observado, cómo se siente, cuáles son sus necesidades y qué le gustaría pedir. De esta manera puedes escuchar cosas que tú mismo estabas pensando en expresarle y hacerle referencia a sus palabras. Esto significará que los dos estáis en la misma línea y que tanto tu percepción como la suya es igual o parecida.
  3. ¡Te toca! Da retroalimentación, con observaciones específicas, también información sobre efectos emocionales en ti y necesidades que te surgen. También puedes completarlo con alguna sugerencia. 
  4. Elabora un plan de acción para que las cosas puedan funcionar en un futuro.
  5. Agradécelo. Dar gracias nos libera y nos sana.
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Pasos para recibir retroalimentación

No es fácil escuchar comentarios sobre algo que hemos hecho y que ha dañado a otra persona o que ha dañado algo que nos importa. Como ya habrás experimentado, puede ser doloroso.

Puede que sé dé la situación de que la persona que nos da su retroalimentación no sepa cómo hacerlo de una manera que nos sea útil, no es algo que se enseñe en todas las casas o colegios. Es normal, puede que lo escuches esté cargado de críticas, juicios, insultos o culpas. ¡Todos empezamos a practicarlo alguna vez! 

Si se dan tales condiciones, podemos estar abiertos a escuchar todos los comentarios y terminar eligiendo conscientemente el tipo de información que necesitamos y creemos útil para aprender y crecer.

Sé que puede resultar difícil, si alguien nos dice algo como “creo que lo hiciste fatal y eres una persona…”, puede que haya parte de verdad en estas palabras, pero también debemos ser conscientes de que todo lo que se observa por la parte de la otra persona se trata de una observación e interpretación de los hechos, por lo que si nos tomamos todo de forma personal, no damos espacio a escuchar profundamente las razones que puede haber detrás.

Una forma de manejar esta paradoja es desarrollar nuestra auto-aceptación y empatía. Necesitamos poder separarnos a través de nuestro conocimiento de que la ira de otras personas no significa que “seamos malas personas”, que no valgamos nada o que no seamos amados. Cuando somos consciente de esto, nos damos espacio para escuchar profundamente las razones, necesidades y deseos detrás de las palabras.

Reducción de nuestra actitud defensiva

También podemos practicar la “reducción de nuestra actitud defensiva”, esto significa básicamente, como hemos mencionado antes, no tomarnos las cosas tan personalmente, como si todo lo que nos dijesen fuese para herirnos. 

Para ello, uno de los mejores ejercicios es pedir retroalimentación a las personas cercanas a nosotros, y luego darnos cuenta de si nos ponemos a la defensiva o no. Si es así, haz una pausa, escúchate, experimenta empatía contigo mismo y respira

¡Yo lo suelo hacer con mis amigos y funciona súper bien! Puede ser algo raro pedirlo algunas veces, pero se crean sinergias enriquecedoras. 

Finalmente, siempre podemos decidir qué hacer con esta retroalimentación que estamos recibiendo. Necesitamos mantener nuestra perspectiva, evitar el juicio personal e intentar ver la retroalimentación en los diferentes contextos. Tal vez queremos trabajar para cambiar nuestros hábitos o comportamiento, tal vez con el apoyo de la persona que nos da retroalimentación o alguien cercano a nosotros. Y a lo largo de este proceso, podemos ir viendo cualquier autocrítica o pensamientos de desaprobación que puedan sabotearnos o hacernos hundirnos en la desesperación. Es una forma efectiva de conocernos a nosotros mismos.

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¡Practícalo!

Piensa en alguien con quien vives, estudias o algún grupo al que pertenezcas, con quien te gustaría practicar la retroalimentación.

Lo primero es preguntaros: si nos damos retroalimentación entre nosotros ¿será un regalo para mejorar nuestra relación y trabajar juntos de manera más efectiva hacia metas compartidas? Si la respuesta es positiva, entonces adelante.

Ahora, busca un colega o amigo que pueda escuchar mientras tiene claro lo que te gustaría decirle. Recuerda los “Pasos para dar retroalimentación” más arriba.

Cuando estés listo, pregúntale a esa persona que has elegido si es un buen momento para compartir algunos comentarios. Si no es así, busca otro momento. Si es así, continúa y da tu retroalimentación.

Ahora, te toca escuchar a la persona que ha recibido la retroalimentación, busca comprender sus sentimientos y necesidades. 

¡Probadlo al revés! Te toca escuchar su retroalimentación y compartir tus pensamientos, necesidades y emociones al respecto.

Finalmente, hacer un plan de acción juntos para avanzar de una manera que cuide mejor las necesidades y valores que compartís.

¿Cómo te fue?, ¿te sorprendió algo? ¿Hay algo que te gustaría hacer diferente la próxima vez? Pues ya sabes, practícalo, es la única manera de llegar a esa sabiduría. 

Sobre el Autor

Iván Ballesteros

Iván Ballesteros

Ivan es coordinador de proyectos sociales, emprendedor, facilitador y coach. Ha viajado por Europa y África analizando comunidades donde el desarrollo personal y comunitario son los ejes principales. Ha trabajado en países como España, Rumania, Italia y actualmente Alemania, diseñando programas educativos donde la cooperación, la creatividad y la responsabilidad son el contexto. Su visión es crear una comunidad alternativa para jóvenes, donde cultivar sus habilidades y desarrollar proyectos sostenibles.

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