No te trates a ti como no tratarías al resto: el diálogo interno (II)

No te trates a ti como no tratarías al resto: el diálogo interno (II)
22Abr 2023

En el artículo anterior escribí sobre el diálogo interno, cómo nos hablamos de un modo distinto según saquemos al ángel o demonio que llevamos dentro y lo difícil que es lidiar con una voz interna que está distorsionada.

El pasado: ¿Cómo se crea este autodiálogo?

El diálogo interno está condicionado por nuestra historia de aprendizaje previa, nuestra experiencia, es decir, lo que hemos vivido desde que hemos llegado al mundo en el pico de la cigüeña. Este diálogo funciona como una grabadora, igual que no aprendemos un idioma hasta que no lo escuchamos, no aprendemos a definirnos, criticarnos, halagarnos o alentarnos hasta que no lo hacen el resto. Por supuesto, tiene mucho peso la primera etapa de la vida, la infancia, porque cuando somos peques somos como esponjitas, un lienzo en blanco preparado para mancharse de todos los colores de este mundo. 

Heridas de la infancia

Como en esas galerías infinitas del móvil, que acaban por saturarse de vídeos chorra del WhatsApp y selfies con cara de buenos días, sin dejar espacio para nada nuevo… Es importante revisar los registros de nuestra grabadora, eliminar aquello que no nos hace bien y protegerla de virus, para que nuestro lienzo no se empape de negro.

Se han identificado 7 heridas emocionales de la infancia que pueden llegar a pesar en nuestra etapa adulta si no se trabajan: abandono, miedo al rechazo, humillación, traición, injusticia, miedo al compromiso, desprecio hacia los y las demás. Te recomiendo este artículo https://lamenteesmaravillosa.com/5-heridas-emocionales-la-infancia-persisten-cuando-somos-adultos/ si quieres leer sobre ellas.

Es muy positivo trabajar con ayuda profesional las heridas de la infancia, si sientes que te escuecen… porque en muchas ocasiones las seguimos teniendo abiertas. Ahora que somos jóvenes, podemos evitar que hagan mella en nuestra vida. Conocerlas, aprender a identificarlas y mirarlas de frente es como un baño en el mar… El agua salada pica, pero, poco a poco, va curando. 

El presente: ¿Qué distorsiona esta voz, esta percepción del yo y del mundo?

¿Quién vive en un entorno en el que la salud mental es perfecta? Vivimos en una sociedad tendente a patrones de pensamiento y conductas ansiosas y depresivas. Estos patrones de pensamiento que nos atrapan suelen ser falacias, engaños, percepciones distorsionadas de la realidad a las que, en psicología, llamamos sesgos cognitivos o de pensamiento.

Sesgos de pensamiento

El sesgo ocurre en nuestra cabeza de manera automática, sin que seamos conscientes ni lo busquemos. Se trata de una selección de información distorsionada, poco realista, basada en lo emocional. Nuestro estado altera la forma en la que prestamos atención, interpretamos o recordamos información. Por ejemplo, esto ocurriría cuando estamos en un estado de alarma, ansioso:

  • Atención: atendemos únicamente estímulos de amenaza potencial. “Tengo una exposición oral, ¡qué rápido que me va el corazón, estoy temblando!”
  • Interpretación: toda información me parece indicadora de peligro. “Mi compañero está sonriendo, se va a burlar de mi durante la exposición, me tiene ganas…”
  • Memoria: tiendo a recordar lo negativo, que tiene significado relevante para mi miedo, más que lo positivo o neutro. “Siempre que expongo, me trabo hablando…” (aunque me ha pasado una vez de 7). 

Traigo algunos ejemplos de sesgos de pensamiento que han sido relacionados con la depresión, y que podrían representar esa “voz de demonio” que nos infravalora y hace sentir desgraciadas y desgraciados:

Inferencias arbitrarias

Llegar a una conclusión sin evidencia o con evidencia contraria a esta.

Por ejemplo, pensar que le caigo mal a una persona que me he cruzado por la calle, sin que ésta de ningún tipo de señal de ello. O pensar que mi amiga está enfadada conmigo aun cuando me demuestra que no (¡el miedo siempre acecha!).

Abstracción selectiva

Valorar una experiencia en función de un pequeño detalle poco relevante que confirma nuestro miedo, ignorando todo lo demás. 

Por ejemplo, en una tutoría con mi profesora me resalta muchísimas muestras de mi esfuerzo y trabajo, pero me pregunta por un examen que no fue tan bien y me quedo con eso, con que piensa que soy mala estudiante.

Generalización excesiva

Generalizar una norma o idea en base a unos hechos aislados y aplicarla incluso fuera de contexto. 

Por ejemplo, mi madre se queda sin trabajo y pienso que ya nunca va a encontrar un empleo ni a poder pagar las facturas.

Magnificación

Incrementar la significación de un acontecimiento.

Por ejemplo, he tenido un error en un examen y ya voy a suspender la asignatura y probablemente a repetir curso. Además, soy una fracasada…

Personalización

Tendencia a atribuirse a uno mismo sucesos externos que no tienen por qué estar conectados a mi persona. 

Por ejemplo, la profesora dice que no vamos a realizar una salida porque alguien ha tenido un mal comportamiento y no está nada contenta. Pienso que se han enterado de algo que he hecho mal y quizá no recuerdo. Tiene que ser mi culpa…

Pensamiento absolutista y dicotómico

Tendencia a clasificarlo todo en categorías opuestas, como bueno y malo o blanco y negro, y a definirnos y describirnos con el extremo negativo. 

Por ejemplo, pensar que somos malas personas o un desastre por cometer un error. Que somos muy inseguras por, a veces (¡y como todo el mundo!), sentir inseguridades.

Seguro que alguna vez tu pensamiento te ha tendido estas trampas. Tranqui, los sesgos son completamente normales, lo bueno es poder identificarlos para cuestionar aquello que concebimos como real y no tiene por qué serlo.

¡Hasta pronto, limones!

Te lo cuenta...

Patricia Rivero

Patricia Rivero

Psicóloga y acompañante de personas en situación de vulnerabilidad: experiencia con menores en riesgo de exclusión social, migraciones, diversidad funcional y colectivo LGBTIQA+. Amante de todas las formas de vida, su misión es crear espacios sostenibles. Cooperante y gestora en proyectos de agroecología y protección animal. Escritora y fotógrafa en búsqueda de aprendizajes. “Cualquier momento es bueno para la ternura”.

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