La autoestima es un tema que nos interesa profundamente y tenemos muy presente, aunque puede ser difícil comprenderla. En este artículo, la definíamos y hoy quiero traeros una reflexión que simplifica la forma de entenderla y de medirla: atendiendo el cuidado personal o autocuidado. Para entender mejor esto del autocuidado, también traigo un listado de formas que puede tomar y me centro en una que es fundamental y llevamos en nuestra cabeza todo el día: la forma en la que nos hablamos – también llamada “discurso interno”.
Las personas a las que queremos son aquellas que nos cuidan y nos tratan bien. Nos vinculamos con las personas cuando nos escuchan, nos hablan con amor, disfrutan de compartir tiempo de calidad y tienen gestos de apoyo… Por esa misma lógica, cuanto mejor te trates, más te querrás.
Y si, como con el huevo y la gallina, nos preguntamos qué fue antes… En este caso toma dos direcciones. Cuanto más te cuidas, más te quieres y, cuanto más te quieres, más te cuidas; por lo que se convierte en un ciclo de amor y cuidados propios. ¡Puedes empezar hoy con un pequeño gesto!

Esto del autocuidado, ¿cómo puedes identificarlo en ti? Te voy a presentar algunos ejemplos, pero ¡ojo! que no todas las personas nos cuidamos igual ni de todas las formas, y eso no significa que estemos mal. Cada cual tiene sus preferencias, lo que le resulta más fácil o más difícil, y también depende mucho del momento vital o del día que tengamos. No todos los días habrá energía para hacer deporte o abrirnos emocionalmente, ¡y no pasa nada!
El autocuidado puede ser…
Quizá te haya sorprendido leer que algunas formas de autocuidado tienen que ver con la relación con las otras personas, pues cuidarme no es solo pasar tiempo conmigo, también tiene que ver con aceptar el amor de otras personas, no tolerar sus daños y respetar mis necesidades priorizando mis preferencias a las de otros u otras.
Si al leer estas frases sientes que el autocuidado está ausente en tu vida, no dudes en pedir ayuda a alguien de confianza o solicitar terapia psicológica.

Hoy te traigo unas preguntas para reflexionar, aunque si quieres profundizar más en el diálogo interno y por qué nos hablamos como lo hacemos, puedes leer este artículo.
Muchas veces sentimos malestar sin darnos cuenta de que detrás hay pensamientos concretos de tipo: “Soy una idiota”, “nunca saldré de esto”, “es todo culpa mía”… Estas frases no solo reflejan el dolor que sentimos, también aumentan ese dolor. Escribirlas puede ayudarnos a ser conscientes de las barbaridades que nos decimos.
A menudo esas frases no son mías, yo no me hablaría así ni a mi ni a nadie. Repetimos mensajes que escuchamos en el pasado de familiares, profesores o parejas: “eres insoportable”, “no eres capaz de…”. El eco de sus voces se repite en nuestro interior, incluso aunque ya no estén. Reconocer que esas frases no nos pertenecen es el primer paso para dejar de cargarlas.
Si una persona querida nos dijera “todo es culpa tuya” o “mejor que no existieras”, nos dolería profundamente. ¿Por qué entonces aceptamos decírnoslo a nosotras mismas a diario?

Pensar en decírselo a una amiga o alguien importante nos muestra lo cruel que puede llegar a ser nuestro diálogo interno. Detectar esas frases es como cortarles el paso: ya no flotan sin más en nuestra cabeza.
Igual que consolaríamos a alguien querido, podemos hablarnos con palabras de apoyo: “haré lo que pueda”, “esto pasará”, “soy importante y me merezco estar bien”. Puede que al principio no nos lo creamos, pero repetirlo es como aprender un idioma nuevo: al principio forzamos las palabras y las frases, pero cuanto más lo practicamos, más natural suena.
La forma más común en la que nos hacemos daño es con nuestro diálogo interno. Es una violencia que puede ocurrir silenciosamente día a día, momento a momento en nuestra cabeza. Por eso, aprender a hablarnos con amabilidad es una de las formas más potentes de autocuidado.
¡Cuídate!
Psicóloga y acompañante de personas en situación de vulnerabilidad: experiencia con menores en riesgo de exclusión social, migraciones, diversidad funcional y colectivo LGBTIQA+. Amante de todas las formas de vida, su misión es crear espacios sostenibles. Cooperante y gestora en proyectos de agroecología y protección animal. Escritora y fotógrafa en búsqueda de aprendizajes. “Cualquier momento es bueno para la ternura”.