Convivir con una familia en el extranjero

Convivir con una familia en el extranjero

Estudiar en el extranjero es una experiencia llena de novedades y descubrimientos inesperados. Convivir con una familia de acogida es uno de esos descubrimientos y, al igual que puede resultar de lo más gratificante, en ocasiones requiere una adaptación que no siempre es fácil. La cohabitación con personas hasta ese momento totalmente desconocidas puede resultar desconcertante e incluso incómoda y hay que saber que habrá que hacer esfuerzos para que la estancia sea agradable para ambas partes.

Hay infinidad de formas de organizar la vida doméstica en el mundo. La familia que te acoge tiene unas costumbres, unas normas y unas rutinas que serán muy distintas a aquellas a las que estás acostumbrado. Lo más seguro es que debas familiarizarte con otros horarios, otro tipo de alimentación, distintas formas de ordenar las cosas, partiendo de la base que “nuevo” y “diferente” no son sinónimos de “malo”. Es muy importante mostrarse flexible y abierto y nadie debería sorprenderse si preguntas cuales son las reglas de la casa para mostrar tu interés por adaptarte a ellas. 

Es muy probable que tú también tengas tus costumbres y consideres importante informar a tus anfitriones, pero quizás no sea muy buena idea hacerlo justo a tu llegada, a no ser que se trate de alergias alimenticias o de otro tipo, miedo a los animales o ¡sonambulismo! Es bueno esperar a que pasen algunos días y hayas podido compartir algunos momentos con ellos para informarles de que no te gusta el té o de que sales a correr a diario, haga el tiempo que haga. Al igual que tú irás paulatinamente descubriendo su modo de vida, ellos se irán acostumbrando a tus rutinas, al menos aquellas que sean compatibles con la convivencia con ellos. 

 

Para compartir momentos con ellos, no hay nada mejor que las comidas o las cenas, siempre y cuando tu familia de acogida tenga la costumbre de comer y/o cenar en familia, lo que en algunos casos no sucede, ya que los horarios de trabajo y de estudios de los propios integrantes de la familia pueden ser muy dispares. Pero si la familia se reúne para cenar, por ejemplo, es bueno tratar de pasar ese momento con ellos ya que es la ocasión perfecta para intercambiar y dialogar con ellos sobre el día a día, con el aliciente añadido de poder conversar (y practicar el idioma), aprender a conocerles mejor, hacer las preguntas que despiertan tu curiosidad sobre cualquier aspecto social o cultural del país o de la ciudad, y también permitirles conocerte un poco mejor. Obviamente, para poder asistir a las comidas, habrá que ser respetuoso con sus horarios y en caso de no poder hacerlo, avisar debidamente o establecer como norma que no se compartirá la cena con ellos (horarios de clases, otras actividades…)

Esto nos lleva al punto de la cortesía que se da por asumida: la casa donde nos acogen no es un hotel, nadie está a nuestro servicio y muchas de las cosas que son “aceptadas” en nuestra propia casa no tienen porque serlo aquí. Habrá que procurar mantener la habitación en orden, ayudar con algunas tareas de la casa si es necesario, ser moderado con el tiempo de uso del cuarto de baño o del agua caliente, no pasarse el domingo entero en la cama y pretender desayunar a la hora de cenar y, por supuesto, no invitar ni traer a nadie a la casa sin previo permiso de la familia y siempre en horarios acordes a sus rutinas y respetuosos de su comodidad 

Si existe una buena sintonía con la familia, puede ser una buena idea, ocasionalmente, el participar en sus actividades: ir al supermercado, acompañar a algún entrenamiento o espectáculo, hacer alguna visita cultural con ellos puede ser fuente de aprendizaje y ¿por qué no? de entretenimiento inesperado. Esos momentos también son la ocasión de practicar el idioma y oírlo en contextos distintos al de las clases e incluso al de la familia. Aunque es muy posible que no entiendas todo lo que se pueda decir en un entrenamiento, seguro que pondrás a prueba tu capacidad de escucha y de deducción.

Convivir siempre puede dar lugar a momentos más tensos, más difíciles e incluso desagradables. Si se presenta algún problema menor, el primer paso a dar es tratar de comunicar abierta y educadamente con la familia porque cabe la posibilidad de que haya pasado desapercibido y que abordarlo con ellos sea la forma más rápida y sencilla de solventarlo. 

Es más que probable que prefieras la comida de tu madre, que no te guste la emisora de radio que suena a todas horas en el salón, que oigas demasiado ruido desde tu habitación o que el cuarto de baño te resulte exiguo o incómodo. Nunca pierdas de vista que esta situación es temporal y si no sucede nada dramático que impida que tu estancia se desarrolle de forma aceptable, pronto estarás de vuelta e incluso con recuerdos y anécdotas dignas de ser contadas.

Si, por lo contrario, las desavenencias son frecuentes, tienes la sensación de no ser bien avenido, la familia tiene hábitos o costumbres que te resultan imposible de encajar, es necesario hablarlo con los coordinadores locales para que puedan mediar y solucionar la situación. Por muchos esfuerzos que hagas para adaptarte, en ocasiones el problema no es del huésped sino del anfitrión, que esperaba otra cosa de esta experiencia o, sencillamente, no la ha abordado o planificado con el objetivo adecuado.

En The Lemon Tree Education, tomamos siempre las medidas para que cualquier aspecto de tu estancia sea satisfactorio y gestionar que estés en las mejores condiciones tanto de estudio como de alojamiento forma parte de nuestro compromiso. 

Analena Maury
hello+analena@TLTeducation.com

Mi trabajo es asesorar y acompañar a toda persona u organización que necesite orientación, método y creatividad para diseñar sus historias, en cualquier formato, darles valor y compartirlas. http://anamaury.com

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