Cómo salir de mi zona de confort

Cómo salir de mi zona de confort

Abandonar la zona de confort para irse a vivir y estudiar a otro país suele generar algo de ansiedad, ya que uno va a tener que adoptar nuevas costumbres, aunque sea temporalmente, fuera de ese estado mental que no nos exige esfuerzos, ni nos confronta con nuevos retos, porque estamos en terreno conocido en todos los sentidos. Las cosas que hacemos habitualmente sin pensarlas demasiado y que nos resultan tan familiares que la mayoría del tiempo no les prestamos atención, nos pueden resultar completamente diferentes en otros lugares, y podemos tardar en acostumbrarnos. Lo normal es que todo acabe transcurriendo fácilmente y que con el tiempo la adaptación se haga de forma natural, pero es verdad que algunos hábitos foráneos pueden resultar incómodos y que uno no acabe de familiarizarse con ellos. 

Cuando la situación de “choque cultural” es la de convivir por una temporada con una familia en un país distinto del que solo conocemos lo que hemos leído o visto en algunos vídeos, vamos a necesitar un gran sentido de adaptación y un alto umbral de tolerancia para que las nuevas situaciones no nos resulten desagradables. En eso consiste la capacidad de salir de la zona de confort: en adaptarse con facilidad a circunstancias desconocidas sin perder la calma ni el buen humor en el intento.

Hábitos en cada familia

Todos los humanos están hechos a una serie de hábitos de vida que conforman su comodidad y, en el mejor de los casos, su calidad de vida, incluso los más jóvenes, aunque en su caso también son normales las ganas de aventura y cambio. Aunque parezca muy básico y elemental, el entorno de la casa familiar con sus costumbres, sus horarios, sus olores y sus sensaciones es algo que tiene una gran influencia en nuestra vida cotidiana. Es la razón por la que la aventura de integrar un nuevo núcleo familiar puede ser más difícil de lo que parece a simple vista. Se relativiza bastante por el hecho de ser temporal, pero, aun así, hay que conseguir “acoplarse”. 

Una familia desconocida en otro país tiene otras reglas, otra forma de comunicación, en ocasiones otros valores, y dependiendo del país, otra cultura. No podemos esperar que las cosas se hagan y sucedan igual que en casa, ni siquiera parecidas, sino que en ocasiones son hasta opuestas. Es importante un gran sentido del respeto y una gran capacidad de observación para poder compartir momentos sin pasarlo mal ni hacer sentirse incómodos a los que nos reciben en su casa. Trataremos en este artículo de dos temas importantes, sabiendo que son muchos más los aspectos de nuestra vida fuera de casa los que vamos a tener que ajustar.

La comunicación verbal y no verbal

La forma de comunicar y expresarse en las sociedades mediterráneas y/o latinas es bastante expansiva, directa y “efusiva”. Es algo que sorprende a los extranjeros que visitan nuestro país y es algo que llama la atención cuando viajamos a otros países, y más concretamente a países anglosajones. En numerosas ocasiones, las formas de hablar impetuosas o muy expresivas son interpretadas como actitudes un poco descaradas o desmedidas y el interlocutor tendrá dificultad para adaptarse a un dialogo en esas condiciones. Una restricción por tanto a nuestra zona de confort consistirá en reprimir de alguna forma nuestra forma de expresarnos habitual, la que empleamos “en casa” para tratar de ser más moderados y “neutros”. 

La comunicación no es solamente cómo se dice, sino también y principalmente lo que se dice. Es sabido que la buena educación, en ciertas culturas, consiste en ser cuidadoso con lo que se dice, procurar elegir las palabras con cuidado y no decir cosas demasiado “directas” pues lo esencial es no chocar, molestar u ofender a nadie. Puede parecer un rasgo un poco forzado y algo “hipócrita” pero el lenguaje puede ser muy ofensivo dependiendo de cómo se perciba por parte del interlocutor. Obviamente, este problema desaparece si no se habla el idioma, e incluso este hecho permitirá que nos excusen “una salida de tono” con el pretexto de no saber muy bien lo que se está diciendo.

Esto vale también para la comunicación no verbal; gesticular exageradamente al hablar o acercarse en exceso al hablar es considerado un poco agresivo o de mala educación y puede poner incómodo a gente acostumbrada a una comunicación más pausada. No significa que siempre este mal visto ni por todo el mundo, y en ocasiones hasta puede parecer una comunicación más cálida, alegre y espontánea. De modo que si nuestra familia de acogida, en su día a día, nos muestra que lo suyo es una comunicación más “contenida”, habremos de esforzarnos por hacer lo mismo.

Hábitos del hogar

Son muchos los detalles que caracterizan la vida en el hogar y suelen diferir ya no solo de una cultura a otra, sino de una casa a otra, aunque en un mismo país hay rasgos comunes. Se suele decir, por ejemplo, que en Canadá (entre otros) hay que quitarse los zapatos de calle para andar por la casa, o que no se practica la sobremesa. Cuando uno llega por primera vez con las costumbres de su casa, es muy probable quedarse algo bloqueado hasta adaptarse a la forma en que hacen las cosas otras gentes en otras culturas. 

Algo que suele suponer una dificultad en los primeros tiempos, para muchos jóvenes, es la alimentación. Nuevos horarios, nuevos sabores, nuevas formas de comportarse en la mesa… Uno no puede mostrar desagrado por lo que le sirven, pero tampoco puede obligarse a comer algo que le indispone, por lo que el equilibrio es a veces difícil de conseguir. Hasta que uno no este autorizado, tampoco puede servirse en el frigorífico como haría en su propia casa, y la opción de comprarse alimentos para guardar en su habitación también puede causar molestia si nuestros anfitriones no tienen esa costumbre o no les parece apropiado. Esos pequeños detalles son delicados de tratar y de resolver, y nos pueden crear malestar que no quedará más remedio que superar. 

Lo mismo sucede con los lugares y hábitos de aseo, que son momentos delicados donde los haya. No es habitual contar con un baño para uno solo y hay que ser cuidadoso de no interferir en los horarios de unos y otros, de mantener el orden y la limpieza que uno encuentra. Si uno acostumbra a tomar dos duchas al día -que no es algo tan infrecuente en países calurosos en verano- puede que este mal visto, o que parezca un derroche, o que sencillamente no sea un hábito corriente. A lo mejor uno puede dejar sus objetos de aseo en el cuarto de baño común, o no, y en caso de hacerlo sin consultarlo puede parecer invasivo o desordenado. Permanecer más tiempo del necesario en el cuarto de baño también puede chocar o molestar. Obviamente, todos esos pequeños ajustes se resuelven en cuestión de días o de pocas semanas, pero no se consiguen si uno no pone cierto interés y buena voluntad para actuar de forma distinta a la que le sale espontáneamente. 

Hay un dicho famoso que dice “Donde fueras, haz lo que vieras” y es exactamente en lo que consiste salir de la zona de confort. Pero no es ni más ni menos que para entrar en otra zona de confort distinta, temporalmente, porque no cabe duda de que no adaptarse a un lugar nuevo y a unos hábitos diferentes es abocarse tarde o temprano a encontrarse incómodo, en una nueva zona de “inconfort”.

Analena Maury
hello+analena@TLTeducation.com

Mi trabajo es asesorar y acompañar a toda persona u organización que necesite orientación, método y creatividad para diseñar sus historias, en cualquier formato, darles valor y compartirlas. http://anamaury.com

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