Los laberintos de la inquietud: mis preocupaciones

Los laberintos de la inquietud: mis preocupaciones
16Sep 2023

Las preocupaciones son estados de inquietud que se producen en el momento presente por situaciones que pueden llegar a suceder en el futuro. Y digo “pueden”, porque la mayoría de  estas preocupaciones nunca llegan a ocurrir y, sin embargo, tienen una gran repercusión sobre nosotros.

Nuestra cultura actual promueve la inquietud en la que estamos inmersos. En las relaciones, por ejemplo, justificamos nuestra preocupación con el amor que sentimos: “Si no me preocupara significaría que no le quiero” o “Me preocupo porque me importa”. 

La mayoría de nosotros invertimos una cantidad de tiempo enorme, tiempo presente, preocupándonos por el futuro; desde que nos despertamos hasta que nos acostamos. Esto influye en nuestras decisiones, estados de ánimo, forma de ver la vida y, además, nos inmoviliza. Perdemos nuestra energía y tiempo; las preocupaciones no van hacer que cambien o mejoren las cosas.

Lo bueno de esto es que la preocupación es un hábito de nuestra mente que podemos cambiar.

¿Qué impacto crean mis preocupaciones en mí?

La sociedad acelerada en la que vivimos nos lleva a un aumento de las preocupaciones diarias; las redes sociales, las noticias constantes y las exigencias externas generan un flujo persistente de información que alimenta inquietudes, influyendo en nuestra forma de percibir e interactuar con el mundo.

Las cosas que nos preocupan tienen un impacto directo en nuestro organismo. Cuando nos preocupamos y suponemos que va a ocurrir algo malo, nuestro cuerpo se prepara para una amenaza generando cortisol, que es funcional para momentos puntuales. Sin embargo, cuando estos niveles se mantienen altos (entramos en un estado de alerta constante) todos nuestros sistemas necesarios para la supervivencia no funcionan como deberían y se producen cambios a nivel físico y mental: se me cae el pelo, tengo indigestión, me cuesta dormir, siento opresión en el pecho, no puedo concentrarme… 

La irracionalidad de las preocupaciones

Las preocupaciones han sido útiles para anticipar peligros y solucionar problemas para la supervivencia, ya que mantienen alerta y ayudan a identificar posibles amenazas en nuestro entorno. Sin embargo, actualmente la mayor parte de las preocupaciones no se relacionan con amenazas inminentes. En su lugar, nos preocupamos por situaciones hipotéticas o problemas que están fuera de nuestro control o que carecen de un fundamento realista. Párate a pensar en cuantas de las cosas que te han preocupado al final han acabado sucediendo así o te han afectado como pensabas. Tendemos a magnificar las consecuencias o el impacto que va a tener sobre nosotros aquello que nos preocupa cuando, la realidad, es que o no ocurre o sabemos afrontar y gestionar la situación; nos angustiamos por situaciones improbables o sobreanalizamos aspectos de nuestra vida que no tienen un impacto significativo. Todo esto puede desencadenar un estado de estrés y ansiedad perjudicial para nuestra salud mental; nos acaba robando la vida.

El momento presente es un recurso valioso que determinar nuestra calidad de vida. Las preocupaciones hacen que vivamos en el pasado y en el futuro. Nos generan un malestar en el momento actual por algo que ocurrió y ya no podemos cambiar o por algo que no sabemos si va a ocurrir. Esto hace que suframos de forma doble (antes de que ocurra y cuando ocurre el suceso) o absurdamente (si al final no ocurre: nos hemos preocupado para nada). La ansiedad que surge de las preocupaciones nos hace revivir situaciones pasadas o anticipar escenarios futuros, dejándonos atrapados en un estado mental que no nos permite disfrutar el presente plenamente. Cuando nos preocupamos en exceso por lo que podría suceder en el futuro, nos privamos de la experiencia actual.

Si esta capacidad de análisis la usamos de forma sabia, podemos aprender de nuestras experiencias pasadas y planificar para un futuro mejor. Identificar la irracionalidad en nuestras preocupaciones es un paso crucial para manejarlas de manera efectiva. Cuestionar la validez de nuestras preocupaciones y evaluar si están basadas en hechos concretos puede ayudarnos a desarmar el poder que tienen sobre nosotros.

Estrategias para recuperar el momento presente

Es fundamental llevar a cabo acciones conscientes para dejar de malgastar el momento presente debido a las preocupaciones. Algunas estrategias que pueden resultar útiles para ello son:

Practicar la Atención Plena (Mindfulness)

Implica estar plenamente presente en el momento actual, sin juzgar ni preocuparse por el pasado o el futuro. Practicar la “meditación de atención plena” nos ayuda a entrenar nuestra mente para estar presente en lo que estamos haciendo en ese instante.

Identificar Patrones de Pensamiento

Supone reconocer los patrones recurrentes de pensamiento que generan preocupaciones para detenerlos antes de que ganen fuerza. Cuando llegue la preocupación, en vez de creérnosla, debemos cuestionar su validez y veracidad; si no nos la creemos y reconocemos que es una invención, haremos que se vaya igual que ha venido (normalmente tendemos a hacerla más grande alimentándola y sumándole más y más “y si..”) 

Establecer la “Hora de las Preocupaciones”

En lugar de dejar que las preocupaciones ocupen todo tu día, establece un tiempo específico para enfrentarlas. Esto permite que tu mente se relaje durante el resto del día.

Gratitud

Dedicar una parte del día a agradecer lo que tienes puede ser una buena herramienta para centrarte en lo positivo de tu vida en lugar de preocuparte por lo negativo que podría suceder.

Las preocupaciones forman parte de la experiencia humana, pero no deben dominar nuestras vidas ni poner en riesgo nuestra salud mental

Si reconocemos su influencia y comprendemos su propósito, podremos enfrentar la irracionalidad de las mismas y utilizar estrategias de gestión efectivas. De esta manera encontraremos la salida del laberinto de la preocupación hacia la armonía y la calma. El presente es un regalo que merece ser experimentado plenamente.

Te lo cuenta...

Alba Rodríguez

Alba Rodríguez

Alba es psicóloga sanitaria y ha realizado un máster de migraciones internacionales, salud y bienestar, además de proyectos de cooperación en Senegal, con menores en riesgo de exclusión social así como talleres con refugiados e hijos víctimas de violencia de género. Trabaja como psicóloga en una ONG con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad dando un servicio de atención terapéutica y realizando actuaciones de sensibilización y asesoramiento para la prevención de la violencia y la promoción de la salud mental. Su misión es conseguir el bienestar de la persona, la promoción de una sociedad inclusiva e intercultural y el desarrollo integral de las personas más vulnerables.

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