Momentos para volar: salto a la independencia (II)

Momentos para volar: salto a la independencia (II)
09Mar 2024

En algún momento de nuestra vida, es probable que hayamos fantaseado con el hecho de vivir fuera de nuestro hogar y tener la independencia necesaria para hacerlo de forma autosuficiente. En esas fantasías, es probable que pintemos todo maravilloso y las ganas de que llegue ese momento aumentan. Sin embargo, cuando esto llega de verdad, las sensaciones pueden ser algo diferentes a como nos imaginábamos; nos encontramos ante el desafío de la independencia y tenemos que volar de ese nido cálido y acogedor en busca de nuevas experiencias o etapas.   

Miedo

Todos sentimos un poquito de miedo o un cosquilleo en el estómago al pensar en afrontar ese momento de irnos de casa, de despedirnos de nuestra familia, del cuidado de papá y mamá, de la habitación en la que tanto tiempo hemos pasado y, cómo no, de nuestras mascotas. El hecho de abandonar ese hogar se puede vivir como una ruptura del vínculo tan fuerte que hemos creado con nuestra familia y podemos pensar que cuando volvamos todo será diferente. Sin embargo, esas relaciones que hemos creado y fortalecido día a día no se rompen ni deterioran así como así si seguimos cuidándolo.

También es normal sentir miedos sobre la propia capacidad de afrontar los retos con los que nos vamos a encontrar; ¿podré cuidar de mí mismo? ¿soy lo suficiente maduro para asumir todas esas responsabilidades? ¿cómo me irá?…

Es importante recordar que esos adultos que conocemos, y que parecen tener todo bajo control, también pasaron por esta situación, acompañada de diferentes inseguridades. 

Ese miedo también aparece hacia lo desconocido, por no saber lo que ocurrirá en ese futuro. Esa incertidumbre y la falta de control sobre las situaciones, representan un desafío que asusta; cuando tenemos información y conocimiento sobre las experiencias que nos vamos a encontrar, nos sentimos seguros. Por ello debemos normalizar estas sensaciones y no dejar que nos paralicen o frenen. Si podemos identificar bien esos miedos, podemos hacer una lista de ellos y buscar alternativas o soluciones ante esas posibilidades. De esta manera podremos aumentar nuestra tranquilidad.

El río nunca sabe lo fuerte que es hasta que sale de su cauce.

El cauce representaría la comodidad y bienestar del hogar. Hace referencia a la fuerza que llega a tener un río cuando fluye más allá de los límites establecidos y conocidos. Del mismo modo, nosotros, como personas, nos encontramos y descubrimos a nosotros mismos cuando nos aventuramos más allá de las fronteras familiares.

Igual que ese río debe explorar y enfrentarse a tierra desconocida para descubrir hasta donde es capaz de llegar, nosotros al dejar nuestra zona de confort, vamos a poder crecer, aprender y desarrollarnos. Muchas veces esa fortaleza personal la podemos descubrir en los desafíos y experiencias fuera de nuestra rutina y comodidad. 

Afrontamiento 

Sin embargo, debemos ser conscientes de que todas estas sensaciones están ocurriendo antes de marcharnos y no sabemos cuáles van a ser realmente cuando llegue el momento de verdad. La mayoría de veces tenemos las herramientas suficientes para lidiar con lo que nos vengan y la mejor forma de hacerlo es familiarizándonos con el nuevo ambiente para reducir esas sensaciones negativas.

Una buena manera de reducir este impacto puede ser explorar o conocer el lugar al que vamos, sus calles, que actividades se pueden realizar, como es la gente que vive por allí o cuáles son sus costumbres. Conocer el destino ayuda a sentirnos más cómodos y preparados. Puedes incluso crear una lista de cosas que quieres probar o hacer.

En línea con esto, podemos también aprender habilidades básicas que nos faciliten nuestro día a día como puede ser cocinar, lavar la ropa o administrar nuestro dinero. Esto nos hará sentirnos más seguros con nosotros mismos cuando nos vayamos de casa.  

Desarrollo

El hecho de independizarnos no es únicamente algo físico, como una distancia o un tiempo determinado, implica también un desarrollo de nuestra madurez y capacidad para resolver aquellas cosas con las que nos vamos a encontrar. En un primer momento, todo esto estará muy vinculado al cuidado y ayuda de nuestros padres. Sin embargo, poco a poco, iremos adquiriendo las habilidades que necesitamos para poder valerlos por nosotros mismos y convertir ese cuidado hacia ellos en mantener el vínculo fuerte; escuchar y valorar sus opiniones, compartir momentos y espacios con ellos, hacerlos partícipes de nuestra vida.

Una de las claves para iniciar esta independencia con éxito es aprender a adaptarnos a nuevas situaciones. Para ello, podemos mantener nuestra mentalidad abierta y receptiva a nuevas experiencias, así como una buena gestión del estrés, la capacidad de ser flexibles y encontrar oportunidades de crecimiento en los desafíos. 

Otro de los principales retos que debemos afrontar es la propia compañía. Es esencial buscar tiempo para nosotros mismos y aprender a disfrutarlo. Esto beneficia nuestro bienestar y crecimiento personal. Podemos partir de aprender a reconocer nuestras emociones y a darles el espacio que necesitan; normalizar lo que sentimos y no resistirlo puede resultar liberador. Junto a esto, podemos planificar y mantener rutinas saludables, hacer ejercicios o actividades que nos resulten agradables; nos ayuda a mantener un buen equilibrio de vida.

Oportunidad

Esta nueva fase es una gran oportunidad para conocer gente nueva y hacer amigos. Construir una red social en el lugar en el que estemos es importante para sentirnos bien en ese nuevo entorno. Podemos unirnos a actividades, grupos o clubes en los que podamos interactuar y conocer personas que tengan intereses similares a los nuestros. 

Irnos de casa de nuestros padres supone el comienzo de una gran etapa, llena de posibilidades para el crecimiento personal, establecimiento de metas y la construcción de nuestro futuro. La apertura hacia nuevas experiencias y la paciencia con lo que nos vayamos encontrando nos ayudará a recorrer este camino de forma plena. Confía en ti mismo y prepárate para volar hacia todas las oportunidades que te están esperando.

Te lo cuenta...

Alba Rodríguez

Alba Rodríguez

Alba es psicóloga sanitaria y ha realizado un máster de migraciones internacionales, salud y bienestar, además de proyectos de cooperación en Senegal, con menores en riesgo de exclusión social así como talleres con refugiados e hijos víctimas de violencia de género. Trabaja como psicóloga en una ONG con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad dando un servicio de atención terapéutica y realizando actuaciones de sensibilización y asesoramiento para la prevención de la violencia y la promoción de la salud mental. Su misión es conseguir el bienestar de la persona, la promoción de una sociedad inclusiva e intercultural y el desarrollo integral de las personas más vulnerables.

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