Viajar de forma responsable: volunturismo (2ª parte)

Viajar de forma responsable: volunturismo (2ª parte)
02Jul 2022

Pon amor en las cosas que haces y las cosas tendrán sentido

San Agustín

Las maneras de viajar por el mundo están cambiando, así como lo que nos mueve como personas para desplazarnos a otro lugar con el fin de conocer, explorar(nos), aprender o, simplemente, disfrutar. 

El actual modelo de turismo basado en el consumo y enmarcado en una cruda guerra de precios está en una situación crítica. Por ello, es necesario desarrollar y promover un nuevo modelo que integre los valores de sostenibilidad, responsabilidad, justicia, equidad y, sobre todo, que busque al mismo tiempo luchar contra la pobreza. Pero…

¿es esto posible?

Así, cada vez más, los viajeros buscan lo auténtico para poder conocer la realidad de los lugares, sus costumbres y tradiciones, su gastronomía y, lo más importante, su forma de vida. De este modo, la implantación de un modelo turístico responsable basado en una propuesta sostenible con la sociedad, la cultura, la economía y el medio ambiente, trae consigo sin duda, formas más auténticas y genuinas de viajar. 

En otros artículos sobre viaje responsable hablamos sobre la actitud y la responsabilidad que tenemos al viajar. Hoy quiero traer un concepto que viene bien tener presente, y es el volunturismo

Volunturismo, como bien dice la palabra, podría ser algo así como “hacer un voluntariado mientras haces turismo, mientras descubres un lugar”. A priori no es un mal concepto y no quiero criticar, ni alabar esta forma de viajar, pero creo que es importante que tengamos presente varias cosas acerca de esto. 

¿Qué significa ser un voluntario?

Generalmente se entiende que ser un voluntario es ir de forma altruista a viajar a otro país lejos del tuyo, donde crees que existe necesidad y que con unos pocos días puedes cambiar la vida de personas o niños que viven en condiciones de pobreza (económica, sanitaria, social o política). 

Por ello, hay muchas ONG y proyectos que ofertan 3 semanas o 1 mes de experiencia en países de África para que jóvenes vayan a ayudar a la gente que allí lo necesita. 

Ser voluntario significa mucho más. En mi opinión, el voluntariado va más allá de una experiencia de unas semanas en verano tras haber vivido vivido un año sin tener presente los valores como la sostenibilidad, responsabilidad con uno mismo, social y afectiva o amor al prójimo. 

En el primer de viaje que hice a Senegal, probablemente el viaje que cambió mi vida para siempre, tuvimos una reflexión sobre el voluntariado con el hombre senegalés que nos acogía esos días. Nada más llegar, nos cuestionó el verdadero motivo de nuestro viaje. En palabras suyas:

«No hace falta irse hasta África, a un país donde pueda parecer, desde Europa, que hay necesidad, para llevar a cabo “buenas acciones”. Ser voluntario es un estilo de vida, es una actitud, y eso que llamáis “necesidad” esta por todas partes en nuestro día a día«.

Desde las pequeñas cosas de cada día, como echar un cable en casa, a tus padres, sonreír en la cola del supermercado, dar las gracias siempre o decir te quiero a tus seres queridos sin motivo alguno, hasta el punto de abrir los ojos y el corazón a las necesidades que tenemos al lado. 

Ser voluntario es una actitud de querer dejar el mundo un poquito mejor de como lo encontramos, teniendo presente que el “mundo no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”. 

La palabra ayuda lleva consigo una división entre el fuerte y el débil. 

Últimamente está muy de moda prestar atención al lenguaje y las palabras que utilizamos. Ser consciente del significado y el impacto que tienen las palabras es algo muy importante a la hora de comunicar, y más cuando es entre culturas diferentes. 

La palabra ayudar, pese a que pueda venir desde la buena intención servicial, trae consigo siempre el concepto de “el que ayuda” y “el que es ayudado”. 

Si cuando viajamos a estas experiencias de voluntariado tenemos presente las palabras cooperación o colaboración, en las que dos personas trabajan juntas aportando lo que saben y tienen para conseguir un objetivo común que beneficia a ambas, entonces la acción tendrá más sentido y más impacto. 

Ten presentes siempre tus intenciones

No tengas miedo a reconocer que al hacer una experiencia de voluntariado existe un beneficio para ti. Estas experiencias son muy enriquecedoras y generalmente es el viajero quien experimenta un mayor impacto. Acógelo y acéptalo, de forma genuina y humilde, sin remordimiento. Muchas veces queremos cambiar el mundo y no dejamos que el mundo nos cambie a nosotros. 

Hace unos años, viajar me cambió la vida y será siempre algo que recomendaré a las personas curiosas e inquietas. Hace años que decidí vivir viajando y viajar viviendo. Por ello que te animo a que cojas una mochila y te marches a algún sitio, sin un plan demasiado organizado ni necesariamente un lugar demasiado lejos. Viajar, más que un desplazamiento, creo que es un estilo de vida. El espíritu de la curiosidad, de la inquietud, del movimiento y del aprendizaje. 

Explora el espíritu crítico

Siete años atrás, Pippa Biddle escribió en su blog un post (enlazado aquí) sobre su experiencia como voluntaria en el extranjero. En él contaba sus dificultades para hablar en español a niños con VIH en República Dominicana y cómo los lugareños en Tanzania pasaban toda la noche rehaciendo las construcciones defectuosas que ella y sus compañeros de clase habían hecho. 

En estas experiencias de voluntariado (generalmente en el extranjero) muchas veces se tiende a crear experiencias que satisfagan las necesidades de los voluntarios y no de las comunidades, llegando incluso a mostrar la pobreza como una atracción turística.  

Como viajero consciente te animo a que te pongas las «gafas de explorador crítico» y sepas ver siempre las dos caras de la moneda en este tipo de experiencias de voluntariado. Despertar la consciencia y el espíritu servicial es algo precioso y necesario, pero sin dejar de tener presente el impacto de nuestras acciones y actitudes. 

Te dejo por aquí algunos consejos que a mí me han funcionado a la hora de elegir cómo hacer un voluntariado y, sobre todo, cómo vivirlo:

  • Sé consciente de que das, pero, sobre todo, de que recibes. Acógelo, sin reparo y sin juzgar, como experiencia de vida. 
  • Utiliza palabras como cooperación, colaborar, trabajar juntos… en vez de ayudar, que siempre conlleva que alguien más fuerte ayuda a alguien en necesidad. 
  • No olvides que ser voluntario es un estilo de vida, una responsabilidad de cuidarte a ti, de cuidar al prójimo y de cuidar el planeta. 
  • Ten siempre presente que tus acciones tienen un impacto y lo que cuentas sobre los lugares que descubres, las personas que conoces y las realidades que vives, puede marcar la diferencia.

Viajar con una actitud de contribuir y de aportar, a la vez que siendo consciente de su efecto transformador en ti, es algo mágico. Colaborar en un proyecto social en otra ciudad o en otro país es algo que te dejará huella y que, con un poco esfuerzo, tendrá un impacto positivo allá donde vayas. Esto se explica en este artículo, que te recomiendo fuertemente que leas, sobre Ubuntu, filosofía del sur de África (yo soy porque tú eres), que defiende que la vida está hecha para que cooperemos unos con otros, persiguiendo el objetivo común del cuidado de uno mismo, del prójimo y del planeta. 

Sobre el Autor

Sergio Lagarde

Sergio Lagarde

Apasionado por viajar, las culturas y las personas, Sergio es un ingeniero con experiencia en proyectos de cooperación internacional y de impacto social en comunidades por África y América Latina. Trabaja como coordinador de un proyecto de educación en África, ha fundado una ONG que trabaja con jóvenes activistas y ha montado una startup de movilidad sostenible.

Más sobre mí:

Deja un comentario

Dinos cómo podemos ayudarte. Te llamamos.

He leído y acepto el Aviso Legal y la Política de Privacidad